La sospecha de que José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea, Josu Ternera, ha podido huir y que no acudirá a la cita judicial del próximo día 13 en el Supremo se acrecienta. Algunos pensarán que el juez del Supremo ha pecado de ingenuo al darle un plazo en exceso largo, tras su incomparecencia a la primera cita del pasado día 7, que podría ser aprovechado para burlar de nuevo a la justicia. Tras su carta al diario Gara, en la que advertía de su negativa a participar en 'un juicio farsa', parecía evidente que Ternera no comparecería voluntariamente ante la justicia sino conducido por la policía. Anunciar su arresto y no llevarlo a cabo de inmediato para su conducción ante el juez era darle una oportunidad para, al menos, tener en jaque durante unos días a las fuerzas de seguridad y quién sabe si para ponerse fuera de su alcance durante el tiempo que pueda. A sólo dos días de la cita judicial, la policía no ha logrado localizarlo.
Josu Ternera, uno de los jefes de ETA en una de las etapas más sangrientas de la banda terrorista -71 asesinatos en los años 1987 y 1988, entre ellos los 21 de Hipercor y los 11 de la casa cuartel de Zaragoza- y hoy parlamentario de la suspendida Batasuna, está citado para responder a los testimonios de antiguos correligionarios detenidos en los ultimos años que le señalan como inductor del atentado contra la casa cuartel de Zaragoza. La fiscalía ha pedido a la Sala Segunda del Supremo que asuma la investigación, dada la condición de parlamentario autonómico de Ternera y el carácter terrorista de los hechos que se investigan.
El parlamentario de Batasuna no está imputado de momento, aunque esté citado en esa condición para garantizar su derecho de defensa. Pero puede estarlo si la investigación judicial, tras contrastar con él los testimonios indirectos que le incriminan, sigue adelante y el Supremo decide presentar al Parlamento de Vitoria el preceptivo suplicatorio para procesarle. Ternera podrá pensar que el procedimiento judicial abierto contra él es 'un juicio farsa' y que no tiene por qué responder a los testimonios incriminatorios de antiguos correligionarios suyos en ETA, pero la justicia no va a desistir de preguntarle sobre su papel en la matanza de la casa cuartel de Zaragoza que costó la vida a 11 de sus ocupantes, entre ellos cinco niñas. Puede no acudir a la cita judicial del día 13 e incluso esconderse o huir a donde sea, pero más tarde o más temprano tendrá que contestar y aclarar su presunta participación en un crimen que ni la justicia ni los ciudadanos han olvidado.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 2002