En el Centro Cultural Montehermoso de Vitoria, los artistas Javier Tudela (Vitoria, 1960) y Francisco Ruiz Infante (Vitoria, 1966) presentan un trabajo conjunto bajo el título Doble o Nada. Se trata de una compleja instalación, subdividida en varias zonas o compartimentos cerrados por donde el espectador va pasando hasta completar una enriquecedora visión totalizadora.
En cada compartimento hay propuestas distintas. Se inicia el recorrido en una sala alargada con una elevada posición de sillas a la manera de las instalaciones del alemán Reinhard Mucha, y unos carteles en varios idiomas con una sentencia: 'La revolución no se puede importar. No se puede evitar'. A partir de ese arranque tan rotundo nos encontramos con sorprendentes puestas en escena. Y así, surgen estanterías con ropa vieja apretujada, junto a baldas con botas y diminutos zapatos, tanto en la realidad del material de cuero como en moldes en escayola. Rejillas como de gallinero aparecen en este espacio, lo que se repetirá en otros ámbitos.
A su lado salchichas y trozos de carne reales son calentadas a distancia por un aparato de calefacción. Cuatro pasos más y una televisión deja ver una toma fija de un pedazo de bosque con agitado viento. Y aún un poco más adelante dos escenas de fuegos vivos, una de ellas a través de una proyección en pantalla grande sobre una pared blanca y la otra mediante un vídeo televisivo. La primera visualiza un fuego en plena naturaleza (fuego salvaje, primario, asilvestrado) y la segunda un fuego sobre un caldero gestionado de manera artificiosa.
Mientras se pasa de un sorprendente ámbito a otro, unos hilos blancos tensados dibujan en el espacio la grafía sutil de escaleras y sillas por contraste con fondos negros. Sigue el recorrido y entramos en un mundo tecnificado donde en el centro de ese espacio el espectador ve su imagen en un liliputiense aparato como si estuviera vigilado. Las cintas de vídeo (todas iguales) colocadas en las estanterías corresponden a Alicia en el País de las Maravillas. En ese momento sabemos que nada malo puede pasarnos, salvo lo que la hermana de Alicia pueda decirnos: 'Despierta de ese sueño en el que te has quedado dormido'...
Pasaje a pasaje, en todo momento sorprendente e imaginativo, la instalación acrece de modo esplendoroso, con el remate último, donde aquello que se inicia como principio es a la vez final. La suma de pormenores allí ubicados convierten a ese ámbito en un puro goce inventivo.
En el trabajo de los dos artistas alaveses hay tanta complejidad como mucha verdad. Viene a ser compleja y a la vez sencilla y clara. La inteligencia prima sobre la socorrida impostación de lo críptico y ambiguo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 2002