¿Puede un grupo de amigos vivir más o menos en buena relación, es decir, mezclando pequeñas envidias, amores (fallidos o no), juergas y cotidianidad cómplice, diciendo siempre la verdad a calzón quitado? Más o menos, éste es el punto de arranque y, a la vez, el resumen del argumento de Retratos chinos, la última película de Martine Dugowson, de quien en el pasado tuvimos fugaz ocasión de conocer su Mina Tanembaum. Una película coral que sigue la vida de nueve personajes durante dos años; nueve amigos, más o menos artistas, y que entre ellos van estableciendo diversos grados de relaciones... casi siempre presididas por alguna forma de ocultación.
No se trata de grandes mentiras (aunque en algún caso, también), y es ése el punto más interesante sobre el que se apoya un guión ágil, bien estructurado y mejor dialogado, sino de mentirijillas, silencios más o menos cómplices, pero que a la larga erosionan, y cómo, la vida de cada uno de ellos.
RETRATOS CHINOS
Directora: Martine Dugowson. Intérpretes: Helena Bonham-Carter, Romane Bohringer, Sergio Castellito, Marie Trintignant, Else Zylberstein, Yvan Attal. Género: comedia dramática, Francia, 2000. Duración: 110 minutos.
Con pulso sereno, un eficaz empleo de las elipsis y la multiplicación de focos de interés a que siempre propenden este tipo de ficciones, Dugowson va conduciendo las peripecias de sus personajes sin que la coralidad, y es éste otro de los grandes hallazgos del filme, moleste a la construcción de los personajes, dotados de sólidos puntos de interés, bien trazados y conducidos. Cierto, no todo resulta redondo en la película: le sobra una cierta sofisticación, en alguna ocasión los personajes se comportan de manera tan caprichosa que se hacen innecesariamente repelentes.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de noviembre de 2002