Una masa compuesta por miles de jóvenes llegados de toda Europa, hasta de Noruega y Grecia, esperaron ayer durante todo un día su turno para acceder a la entrega de premios de MTV Europa en el Palau Sant Jordi, en Barcelona. El imperio de la música comercial transformó el pabellón olímpico barcelonés en una fortaleza imposible de cruzar para todo curioso ajeno a la fiesta. Las medidas de seguridad impuestas por la cadena de televisión hicieron del anillo olímpico una zona reservada para unos pocos.
El público, la mayoría de ellos adolescentes dispuestos a romper su garganta al ver la sombra de uno de sus ídolos -fuera Bon Jovi, Christina Aguilerao Eminem-, aguardó durante toda la mañana en el exterior del recinto. La emisora de televisión no abrió hasta las 17.50 horas las puertas de la explanada que da acceso al Palau. Luego, a los asistentes les quedaban otras dos horas y cuarto de espera antes de entrar en el lugar.
La apertura de las puertas provocó los primeros gritos, las primeras vallas saltaron por el aire y hubo algún que otro llanto por no conseguir un primer puesto en la fila. Alguien incluso se dejó un tacón en medio de la escalera y otros perdieron su entrada. Recuperarla en la reventa resultaba casi imposible, con unos precios que rondaban los 130 euros.
Cuatro adolescentes barcelonesas esperaron durante toda la mañana con una pancarta dedicada a Eminem y otra a Red Hot Chili Pepers para colocarse en la alfombra roja. Su trabajo resultó inútil, porque sólo los invitados por MTV tenían el privilegio de situarse en esta zona.
Para soportar la lluvia algunos recurrían al cante (lo que, sin duda, no benefició a una mejora del tiempo); otros, no dispuestos a perder su peinado, se cubrían la cabeza con gorros de ducha. Un grupo de chicas repartía papeles con las instrucciones para bailar el Aserejé de las Ketchup.
Fantasías de Gaudí
A las 19.15 horas se abrió el Palau Sant Jordi, convertido ya en un plató de televisión. Pasar por detectores de metales y vaciar el bolso antes de entrar eran algunos de los requisitos que cumplir, lo que retrasó considerablemente el acceso. Una vez dentro, quedaban otras dos horas antes de empezar el espectáculo. Para animar la espera, dos pantallas de vídeo emitían la programación de MTV y podían contemplarse los últimos ensayos antes del espectáculo. Un escenario inmenso ocupaba parte del interior del Sant Jordi. Una pantalla gigante servía de fondo al escenario, con una decoración -juegos de luces y figuras- a medio camino entre las fantasías de Gaudí y objetos de la naturaleza.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de noviembre de 2002