Se acaba el neolítico posmoderno de esta breve era interglacial. Vuelve con el frío el Homo antecesor, el cazador recolector que en su forma de capitalismo salvaje nunca nos abandonó. En este periodo de glaciación de las ideas y de la dignidad ya no se lleva el noble sensible y cultivado. Como forma cruda de dominación vuelve con el paleolítico la caza. Nuestra aristocracia democrática es de nuevo medieval: banquetes, cacerías... ¡Arriba Atapuerca! Los prohombres se dedican a la caza del rebeco pirenaico y de la perdiz mesetaria, o al banquete sin más, mientras los siervos de la gleba se enfrentan al alquitrán de este tiempo oscuro. En el lado luminoso, un gobierno espectáculo, donde los más cultivados (?), como nuestro presidente, como mucho se atreven en el diálogo con los periodistas amigos de Berlusconi en cómicas entrevistas de la RAI: El Topo Giggio español entre bailaoras, Raffaella Carrá y la Caballé. Éste es el material del que están hechas nuestras pesadillas. Estos son los monstruos que prodiga el hibernado sueño de nuestra razón.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de diciembre de 2002