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Zaplana y el club de los 30

La patronal de Alicante había convocado con urgencia para ayer a un grupo selecto del empresariado alicantino a un almuerzo con el Ministro de Trabajo, Eduardo Zaplana. En la Cámara de Comercio, que unas horas después se vestía de gala para entregar sus premios en la tradicional Noche de la Economía Alicantina no sentó nada bien que la Confederación Empresarial de la Provincia (Coepa) se citara con Zaplana en su día grande y, mucho menos, que a los postres de esa cumbre estuvieran convocados los mismos medios de comunicación que, sólo un rato después, debían dar cuenta de la puesta de largo de Antonio Fernández Valenzuela ante el poderío económico de la provincia y de la Comunidad. Valenzuela eligió la hipérbole del hotel Bali de Benidorm para dimensionar a lo alto su bautismo postsocialista, y dejó decompuesto al presidente de la patronal, Joaquín Rocamora, que ayer desconvocaba, aún con mayor urgencia, al club de sus 30 elegidos y les pedía excusas por razones de emergencia, no nacional, del ministro, pues el ex presidente había sido llamado por Aznar con la más urgencia que cabe, a una cumbre-crisis del Prestige. Después de descender a la sima del fuel, Zaplana regresó a su altura en Benidorm. Y estuvo junto a su amigo Fernández Valenzuela.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de diciembre de 2002