Noticia en el pabellón Raimundo Saporta: el Madrid ha encontrado un base digno de llamarse así. Acaba de llegar, pero parece que lleve aquí toda la vida. No mira continuamente al banquillo para decidir qué jugada ejecutar y decide por su cuenta. Se atreve a correr, driblar, asistir y encestar, cada cosa en su momento. Responde el hombre al tortuoso apellido de Mulaomerovic, Mula para sus compañeros. Fue grande en Croa-cia, Turquía, Italia y Grecia y en cuestión de días ha pintado de rosa el futuro del Madrid.
Un Madrid que ayer se deshizo del Partizán, equipo que no está en su mejor momento, cierto es, pero que tiene en nómina a Vujanic, un cañonero, el máximo encestador del torneo, en el que promediaba 27 puntos por partido. Pero esta vez se encontró con tres marcadores a cual más pegajoso. El primero, su propio entrenador, Vujosevic, que le sentó al minuto y diez segundos. Luego, Lucio Angulo. Después, Digbeu.
REAL MADRID 89 - PARTIZÁN 78
Real Madrid: Mulaomerovic (20), L. Angulo (12), Mumbrú (4), Alston (14), Sonseca (12); Digbeu (8), A. Reyes (9), Victoriano, Tarlac y Herreros (10). Partizán de Belgrado: Vujanic (21), House (7), Kecman (8), Ostojic (6), Krstic (12); O'Connor (2), Avdalovic (2), Canak (16) y Sekulic (4). Árbitros: Kukulekidis (Chipre), Faccini (Italia) y Ryzhyk (Croacia). Unos 3.000 espectadores en el pabellón Raimundo Saporta.
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Fue el de Javier Imbroda, ayer, un equipo tan ducho en el lanzamiento de larga distancia -nueve triples en la primera parte- como desacertado en los tiros libres y en las acciones bajo la canasta, al menos hasta que Alfonso Reyes se hizo presente. El Madrid sólo funcionó bajo la dirección de Mulaomerovic, que un par de veces se fue el banquillo, con el equipo acunado en ventajas superiores a los diez puntos, y presto tuvo que regresar para arreglar el desaguisado.
El Madrid se atascó cuando todo parecía resuelto (68-55, a 11 minutos del final), Vujanic se hizo presente y el Partizán amenazó con poner aquello del revés (68-63). Pero no. Un triple de Herreros, Reyes que cazó un rebote en la defensa, una canasta de Sonseca y asunto concluido. Una cosa fácil cuando se sabe a qué se juega, para lo que no hay nada mejor que tener a alguien que dirija el cotarro con criterio. Y el Madrid, por fin, lo tiene. Mula le llaman.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de diciembre de 2002