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Hierro y Makelele se lesionan de gravedad

"El equipo jugó muy bien y yo muy mal", repetía Zidane; "muy mal". La plantilla del Madrid salió del campo tan herida como su amor propio, tras la refriega contra el Lokomotiv. El parte médico tenía pinta de vía crucis: "Hierro sufre una lesión de cierta importancia en el tobillo derecho y mañana se determinará su alcance; Makelele sufre una rotura fibrilar en el abductor derecho; Roberto Carlos sufre una sobrecarga en el abductor izquierdo; Ronaldo sufre una sobrecarga en el sóleo derecho; Guti sufre una contusión en un dedo...". De momento, es muy posible que Hierro y Makelele estén un mes de baja. Malas noticias para el Madrid, que a punto estuvo de ser derrotado en el último minuto, cuando Obiorah se quedó solo ante Casillas... y el árbitro pitó el final.

James Obiorah, de 24 años, llegó a Madrid, el martes, entusiasmado como un adolescente un poco ingenuo ante las luces prósperas del primer mundo del fútbol. "El Bernabéu es un estadio maravilloso", decía ayer al mediodía, sentado en el salón de un hotel de la Castellana; "aquí no hay que tener miedo porque si las cosas le salen mal al Madrid el público se vuelve en su contra".

Nacido en un pueblo del norte de Nigeria, a Obiorah le supuso un trauma llegar a Moscú. "Yo jugaba en el Grasshopper y en el año 2001 mi representante me convenció de que fichara por el Lokomotiv porque jugaría la Champions y me verían en Europa", recuerda. "Pero cuando llegué a Moscú y vi aquello me eché a llorar. Afortunadamente ahora estoy mejor. Me he adaptado. Y aunque estoy un poco cansado, después del Mundial de Corea y Japón [es internacional con Nigeria] espero jugar y marcarle un gol al Madrid".

Obiorah, que de ruso sabe lo justo, nunca entendió lo que dijo su entrenador, Yuri Semin, sobre el Madrid. "Realmente no he comprendido mucho las charlas técnicas", comentó; "sólo que yo estaré solo en punta y que me enfrentaré a Hierro de quien me han dicho que es lento y está acabado".

Unas horas más tarde, Obiorah entró tras el descanso y a los dos minutos no encaró a Hierro, sino a Pavón. "Toqué la pelota con el pie izquierdo", dijo el central madridista; "pero Obiorah se la llevó enganchándola con la pierna que se le quedó atrás...". El nigeriano se fue a trompicones y marcó un gol que revolvió el partido. Así se le escapó a Flavio un segundo antes de que el árbitro pitara el final. "Pitó cuando me iba solo", se lamentó el nigeriano, entre frustrado y feliz por el gol; "me enfadó mucho".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de diciembre de 2002