Es verdad, como suele decir Emilio Botín, que cada día tiene su afán. El presidente del banco Santander Central Hispano (lo de Central Hispano empieza a estar cada vez más en desuso) ha aplicado esta máxima a rajatabla para ejecutar la venta de la cuarta parte del mexicano banco Serfín, cuyo capital controla casi en su totalidad, al Bank of America (BoA). No es una operación que la entidad considerara estratégica a principios de año, pero las necesidades del banco, apremiado por fortalecer el balance ante el duro azote de la crisis argentina, recomendaron ejecutarla cuanto antes. Aunque fuentes del banco aseguran que no se plasmará en libros hasta el año que viene, dado que debe recibir la autorización de los organismos pertinentes, por alguna razón Botín y su homólogo del BoA, Kenneth Lewis, se han dado toda la prisa posible para cerrarla este año.
Y es que los 700 millones de euros de plusvalía obtenidos por la venta del 24,9% del Serfín, aunque hacen caja (y mucha), no parecen indispensablers para mantener el dividendo comprometido este año tras los casi 2.400 millones ya acumulados durante el ejercicio por las desinversiones en Royal Bank of Scotland, Société Générale, Banesto, Dragados, Vallehermoso, Aguas de Valencia y Bital, otro banco mexicano del que traspasó el 24% al HSBC.
Pero más allá de estos detalles pecuniarios, el SCH acaba de dar un paso muy importante en su estrategia para volver a sentar sus bases en Estados Unidos, país que abandonó cuando todavía era sólo Santander tras vender -también con jugosas plusvalías- la participación que tenía en el First Fidelity, después de que esta entidad fuera absorbida por el First Union. Ahora, aunque en el acuerdo anunciado ayer no está escrito, la alianza con Bank of America le permite estar "especialmente ilusionado" por "abrir la puerta" para situarse en un mercado que cada vez tiene más clientes de habla hispana y del que Botín es un apasionado entusiasta.
Las buenas relaciones que mantiene la familia Botín con el Bank of America desde que hace más de 35 años crearan juntos Bankinter (el BoA se iría años después) sirven para el anecdotario y también para alimentar el empaque que toma el núcleo duro que formarán el SCH y el Royal Bank of Scotland con el BoA. Para esta entidad supone volver a México cortando distancias a su rival Citigroup. Y para el SCH, tener un importante socio estadounidense, con el que no se descarta que, en un plazo indeterminado, pueda intercambiarse una participación si las cosas siguen por buen camino.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de diciembre de 2002