El primer ministro francés, Jean-Pierre Raffarin, ha calificado la política económica alemana de "brutal" e incluso potencialmente dañina para Europa. Pese a su crudeza, sus palabras expresan un temor muy extendido: el de ver a Alemania arrastrar al fondo a la economía europea. Pero Gerhard Schröder se mostró ayer firme al frente de la cancillería, tras el revuelo causado el martes por su amenaza de dimisión.
"Alemania está llevando a cabo una política que me parece bastante brutal y que amenaza con debilitar el conjunto del crecimiento europeo", denunció el martes por la noche durante una cena el primer ministro francés. "Nuestros amigos alemanes están apretando tuercas por todas partes. No estoy seguro de que este método brutal sea realmente eficaz", añadió.
Esta declaración, de una violencia inhabitual, se produce en pleno recalentamiento de las relaciones entre los dos pesos pesados de la zona euro, que tienen previsto presentar posturas comunes sobre varios asuntos delicados durante la cumbre de Copenhague que se inicia hoy.
El canciller alemán, recién reelegido, acaba de aumentar los impuestos para reducir los déficits mientras que el crecimiento se estanca (0,3% en el tercer trimestre). Francia, por el contrario, defiende una política de apoyo al consumo y apoya la "lógica de las empresas", según recordó Raffarin. Esta política se traduce en bajadas de los impuestos sobre la renta y la suavización de las cargas sobre las empresas.
"El canciller no abandona el barco", dijo, por su parte, un sonriente Schröder en una conferencia de prensa en Berlín. El canciller se mostró de buen humor y trató de disipar la impresión de que está cansado de las tareas de gobierno. Pero no quiso desmentir que el lunes por la noche, en la ejecutiva del SPD, se planteara dejar el cargo ante la falta de disciplina de su partido para sacar a Alemania de la grave crisis política y financiera por la que atraviesa.
"Todos los que albergan ilusiones se equivocan", sentenció Schröder. Y a continuación, en su mejor estilo, esbozó una sonrisa maliciosa y añadió: "Y los que se decepcionaron, se alegrarán". Pero despejadas las dudas sobre su continuidad, el canciller no quiso negar de forma expresa el asunto que ayer ocupó mayoritariamente los periódicos y las emisiones de televisión en Alemania: su amenaza de dimisión. Según fuentes del partido, Schröder dijo en la ejecutiva: "Si alguien cree que puede hacerlo mejor, adelante", lo que se interpretó como una oferta de abandonar la cancillería, ante la estupefacción de sus compañeros de partido.
Al responder a una pregunta expresa, Schröder contestó ayer: "No querrán que sea yo, precisamente, el que rompa la confidencialidad de la reunión; nunca lo he hecho". Y luego, en una muestra de buen humor, y en medio de las risas de la sala, precisó: "Bueno, no lo he hecho por lo menos desde que soy presidente del partido; es una matización que quiero hacer".
Bromas aparte, quedó claro que el canciller propinó un buen rapapolvo a la cúpula del SPD por su incapacidad de mantener una línea política coherente, y por la profusión de las propuestas de aumento de impuestos que prácticamente cada día sobresaltan a los alemanes.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de diciembre de 2002