Aznar se va a Washington a ver a Bush, de donde salen Lula y el jefe de Gobierno de Turquía, Erdogan. Recuerda esta peregrinación la de los obispos hacia el Papa, y sobre todo indica que la globalización existe y tiene un jefe único. No es sólo una obligación, ni una necesidad: el espaldarazo los puede salvar. Chávez no lo hizo en Venezuela, y paran las empresas y atacan sus propios militares. La historia caricaturiza lo que fue tragedia en Chile (Chávez podía ser una caricatura de Allende en su esfuerzo ¡por el reparto de las riquezas, por la igualdad!) y terminará de forma parecida: ya está Kissinger junto a Bush. El Nobel de la Paz que más muertes mandó.
Todavía no hemos salido de la larguísima y desastrosa época de los "hombres fundamentales" que culminaron en los monoteísmos religiosos. Incluso se está incrementando, lo cual pone en duda todas las supuestas conquistas de la democracia. Por ejemplo, el documento al Rey firmado por una serie de personas de la izquierda indiscutible y a pesar de la adhesión de esa izquierda real a la República. Supongo que es algo que sale del partido socialista, porque pide lo que Aznar no quiere: que en esta crisis negra haya una unidad de los partidos para luchar contra la desgracia. Creo que la diversidad de opiniones es útil para la democracia y obedece, desde luego, a ideologías. El fondo de la cuestión es de política práctica: hacer ver que el Gobierno ha demostrado que por sí solo es incapaz, y que debe sus errores a un problema de carácter colectivo de la derecha con poder, y que necesita de todos para gobernar. Es la misma trampa que provocó la hipnosis de la unidad nacional en la lucha contra el terrorismo hacia un pacto de Estado: entonces lo propuso Aznar y la izquierda aceptó, hasta el punto de que algunos pensadores que estaban en la izquierda abrazan conceptos de la derecha.
Si el alquitrán es grave, y si la cabeza bajo el ala de Aznar y sus chicos ha sido espantosa, la elevación del Rey a árbitro del pensamiento puede ser peor. La crisis de la democracia es más ostensible desde que hay un jefe de Estado suplantador, que es el Aznar de la mayoría absoluta. Transferírsela al Rey es una astucia contra Aznar; pero es una elevación del Rey hacia el mando único.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de diciembre de 2002