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Crítica:

Descifrar las penas

Eduard Márquez ha escrito una novela cuya paradoja lo relaciona con Henry James. Cinco noches de febrero es el recorrido que hacen el lector y el protagonista de la historia de un hombre que se reencuentra con el espacio y los sentimientos que ha dejado la mujer que amó.

Autor de cuentos, poesía y ficción infantil, el autor catalán Eduard Márquez nos ha dado con su última novela la sensación de que la verdadera literatura todavía es posible. Sus fundamentos narrativos se desenvuelven entre un sentido radical de la expresión precisa y el rigor de una estructura novelística inmune al menor lastre compositivo. Todo encaja. Cinco noches de febrero (Cinc nits de febrer) conjuga a la perfección una estudiada forma, un engranaje en donde nada chirría con una sensación de aflicción humana administrada con esa sabiduría lírica que a veces sólo un buen oído poético puede concebir. En la novela de Eduard Márquez, las cosas se suceden con una apretada recurrencia. El tiempo del relato se ensancha no porque ocurran cosas nuevas, sino porque se repiten, pero lo que se repite lleva siempre la impronta de una nueva información, pequeños datos que tendremos que ir percibiendo porque serán esenciales para la resolución del problema humano que se nos plantea. En este sentido, la percepción del protagonista de la novela corre pareja a la del lector: juntos recorren un enigma, juntos deben desbrozar el camino que los lleve a la razón última del sufrimiento que se está relatando.

CINCO NOCHES DE FEBRERO

Eduard Márquez Traducción de Ramón Minguillón Alianza. Madrid, 2002 109 páginas. 10 Euros

El título de este libro hace referencia a las cinco noches que Lars Belden acude al piso de su antigua amante. Acude a él, después de varios años de separación, porque una esquela le comunicó su muerte, la muerte de Sela Huber. Los nombres de los personajes, la ciudad que no se nombra nunca (pero desde la cual se añora París), la lluvia, descrita como si se tratara de un fenómeno puntual en esa ciudad, los contados vecinos que apenas dejan huella de su existencia, todos ellos son piezas angulares en la configuración de un espacio que se tiene que plasmar mediante una descripción ascética. Esta filosofía de la descripción es coherente con la materia novelesca que tenemos delante. Cinco noches de febrero es la historia de una herida que no se puede cicatrizar. Lars y Sela se han amado. Los años de separación no fue lo que más daño les hizo, sino el tiempo que vivieron juntos. Era el daño de los que se aman en medio de sus propios fantasmas, de un pasado casi incomunicable. Lars retorna a las paredes que fueron testigo de su historia con Sela. Allí, en medio de su ausencia, Sela ha dejado vestigios de penas antiguas, documentos físicos que Lars debe interpretar al calor del inmenso, difícil y oscuro amor que sintieron el uno por el otro. La cita que encabeza la novela ("no hay memoria suficiente para recuperar el pasado y hacer que sea más preciso, exacto", del escritor norteamericano Richard Ford) ilustra certeramente la idea que rige este hermoso libro: Lars no sabrá mucho más de Sela, después de su doliente investigación, de lo que sabía antes. Pero ahora la ama más. Esta paradoja, que parece extraída de un cuento de Henry James, ilumina radiantemente la parte sombría y desesperada de la búsqueda de Lars Huber.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 4 de enero de 2003

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