La segunda clase práctica de ayer en el Palacio Vistalegre fue algo accidentada, dado el picante y las dificultades que en general desarrollaron los erales de Pablo Mayoral, así como el tercero de Mercedes Figueroa. Fue una prueba de fuego para los principiantes, con unas reses encastadas que, incluso las que tuvieron nobleza, tal cual el quinto y el sexto, no admitían dudas.
Diego Vega (oreja) hizo un atractivo toreo de capote en el saludo, las manos bajas y a la cintura, puso banderillas con soltura y cumplió en un muleteo sobrio, que subió de tono al final por naturales. Miguel Ángel Llanos (oreja) estuvo muy dispuesto, y no se arrugó, a pesar de recibir dos feas volteretas al manejar la muleta, y llegó a templarse en el último tramo de su trasteo. Francisco Ramón Pajares (palmas), voluntarioso y batallador, recetó algún lance de capa con suavidad.
Ana Infante (oreja) aguantó una considerable paliza de un eral con cuajo y mucha guasa, sin volver nunca la cara. Con el capote se lució en quites variados. Javier Pérez (ovación tras aviso), dio los mejores lances y muletazos del festejo, con reposo, naturalidad y clase, pero se le fue el triunfo por ser un consumado pinchauvas. Y Julián Simón (dos orejas) se fajó con un encastado ejemplar, que no le perdonó una voltereta de fuste. Templó buenos redondos y mató con agallas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de enero de 2003