Estados Unidos quiere tener más de 100.000 soldados en torno a Irak antes de que termine este mes. El Pentágono ha ordenado este fin de semana la movilización de 35.000 hombres para acelerar el despliegue militar. El presidente George W. Bush intenta mostrar así su determinación de preparar una campaña contra el régimen de Sadam Husein, a pesar de que fuentes de la Casa Blanca aseguran que las posibilidades de una guerra con Bagdad en febrero "han disminuido". La política nacional en EE UU y el clima internacional entre los aliados de Washington parecen aconsejar paciencia para que los inspectores de armas de la ONU puedan hacer su trabajo en Irak. Incluso el principal aliado de Bush, el primer ministro Tony Blair -que ayer mismo ordenó el despliegue de la mayor flota británica en 20 años-, ya ha advertido de que la fecha del 27 de enero, cuando los inspectores rendirán su informe ante el Consejo de Seguridad, no será un "ultimátum".
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* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de enero de 2003