Mejor solucionarlo entre empresas. Para evitar la injerencia del Congreso estadounidense, la Asociación Discográfica de América (en inglés RIAA), que une a los cinco primeros sellos mundiales, y una agrupación de las más importantes empresas informáticas de EE UU, entre ellas Microsoft y Apple, han alcanzado un acuerdo para defenderse de la piratería. En vez de enfrentarse, como hasta ahora, unirán toda su presión para evitar que se aprueben en Washington legislaciones contrarias a sus intereses. "Satisfacer los deseos de los consumidores es una decisión de negocios que debería regirse por las leyes del mercado y no ser regulada ni legislada", dice el documento. Según el acuerdo, estas empresas presionarán al Congreso para que abandonen sus proyectos de leyes a favor del consumidor (que le permitirían copiar música o DVDs). Compañías como IBM o Intel pedirán que se apliquen con más dureza las leyes contra la piratería.
Las discográficas, por su lado, se opondrán a cualquier norma que obligue a los fabricantes de ordenadores instalar programas contra las copias ilegales. La industria informática se había quejado de las normas encarecían mucho sus productos. El asunto se resolverá entre los diversos actores del sector.
Los productores de contenidos y los de soportes se enfrentaban hasta ahora en una batalla por sus mercados. Los primeros defendían la necesidad de proteger los derechos de autor, los segundos hablaban de lo inevitable del progreso tecnológico. "No necesitamos enfrentarnos", dijo Hillary Rose, presidenta de la RIAA, y el acuerdo "evitará retóricas negativas sobre lo que nos divide". El presidente de la Business Software Alliance, Robert Holleyman calificó el documento de "histórico". Las empresas ultimarán en las próximas semanas los detalles de su cooperación. Ésta es una victoria para la industria musical, la más afectada por la piratería.
El acuerdo obvia a la potente Asociación de Cine de América, que reúne a los principales estudios de Hollywood y que pide una mayor intervención de Washington. Los productores saben que pronto las películas podrán intercambiarse por Internet con la misma facilidad e impunidad que los archivos musicales pero prefieren que el Congreso fije las limitaciones.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 15 de enero de 2003