No tengo ganas de volver a explicar a nadie que Cataluña es una nación. No me da la gana de pedir a diario lo que es mío. No soporto que nadie me insulte impunemente ni pienso colaborar a que se perpetúe la vergonzosa sumisión diaria de los catalanes. Me gustaría que los mismos catalanes de origen andaluz contestasen al individuo Jiménez de Parga y lo pusieran en su lugar. Queda claro que no cabemos en la España constitucional.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 24 de enero de 2003