Leímos con gusto la nota sobre Serrat en Argentina y nos ¿sorprendió? la noticia. Y es cierto, Serrat forma parte de nuestras vidas, es un símbolo y todos le adoramos. Pero eso mismo pasa en Venezuela, en Cuba... ¡en fin! Desde que vivo en Barcelona, hace ya dos gratos años, estoy casi convencida de que probablemente nosotros le queremos más.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 24 de enero de 2003