El 11 de septiembre de 2001 el novelista canadiense Dennis Bock presentaba El jardín de las cenizas, su primera novela, en unos Estados Unidos aterrorizado con los atentados. Las ventas en el mundo editorial estadounidense cayeron un 40%, pero Bock se benefició de la actualidad que recobró su libro, una ficción sobre las secuelas emocionales que produjo la bomba atómica arrojada sobre Hiroshima. Emecé edita ahora en España el libro.
El jardín de las cenizas arranca con los recuerdos de Emiko Amai. De niña, con seis años, vio estupefacta cómo "del vientre del avión caía un objeto redondo y oscuro, algo parecido a un cuerpo hinchado y de piel negra", describe en el libro su autor, de 39 años de edad. Cincuenta años después, Emiko, convertida en documentalista, conoce a uno de los creadores de la bomba, el científico alemán Aton Böll, y le propone contar ante la cámara lo que sucedió. Böll mantiene una imperdonable idea: la pesadilla, por horrible que sea, es eclipsada por la majestuosidad del sueño.
"No creo en el científico malo y la víctima buena. Es decir, en los personajes esquemáticos. En el libro he querido que se traten las grandes cuestiones de la ética", afirmó Bock esta semana en Madrid. Bock evitó conscientemente el hablar con las víctimas que sobrevivieron al desastre nuclear para no contaminarse de otras ideas y poder desarrollar la que tenía en su cabeza: narrar una ficción sin fines didácticos. Pese a ello, tuvo muy presente los recuerdos de infancia de su madre, nacida en Alemania: "Ella tenía seis años cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. Vivía en la ciudad y se acuerda muy bien del ruido ensordecedor de las bombas cayendo".
Enamorado de Madrid, donde trabajó cinco años como profesor de inglés, el escritor sitúa en esta ciudad la novela que está escribiendo sobre la picaresca. Vive con temor e interés la previsible guerra entre Estados Unidos e Irak y la carrera armamentística de Corea del Norte, y no descarta novelar este momento, pero dentro de 15 años.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 24 de enero de 2003