Wisssss es un voraz consumidor de música. Sus gustos son de lo más variado: últimamente ha descubierto las melodías de Caetano Veloso, las atmósferas de Yo La Tengo y la energía de los primeros B-52. Hace unos días consiguió el nuevo disco de Massive Attack, uno de los lanzamientos más esperados de la temporada. Tiene mérito, porque está previsto que el álbum salga a la venta el próximo 10 de febrero.
La colección personal de música de Wisssss aumenta en unas 10 canciones cada noche, pero la última vez que pisó una tienda de discos fue hace más de un mes. Compró un compacto para regalar en Navidades.
170 millones de ordenadores utilizan KaZaA, un programa de intercambio gratuito
En 2002 las melodías de móvil han supuesto mil millones de euros a los editores de música
Wisssss es el apodo con el que navega por Internet Asís, un joven desempleado de 28 años usuario de KaZaA, una de las más populares plataformas peer to peer (P2P), que conectan entre sí los discos duros de miles de usuarios para que éstos puedan intercambiar gratuitamente su música. La tecnología KaZaA es utilizada por 174 millones de ordenadores personales de todo el mundo. Y no es el único programa de intercambio gratuito. Hay otros, como Morpheus o Grokster.
Asís tiene en su casa línea ADSL, así que descarga la música casi a tiempo real. Ahora guarda entre 800 y 900 canciones en su disco duro y cada pocas semanas vacía una parte y la almacena en discos compactos vírgenes.
Su inversión es escasa (un par de horas de conexión a Internet cada noche), y tiene más música de la que es capaz de escuchar. A la pregunta de por qué utiliza las plataformas P2P, esto es lo que responde: "En primer lugar, bajo canciones de Internet porque me gusta mucho la música. En segundo lugar, porque no me cuesta un duro. Y en tercer lugar, porque es una forma de descubrir grupos alucinante". Pero, ¿no cree que es un fraude para los propietarios de los derechos de esa música? "Sí", responde, "pero hay tantas cosas que son un fraude...".
Asís realiza un consumo de música cada vez más frecuente en los países más desarrollados, los cuales constituyen el mercado principal de la industria del disco. Se calcula que cada día se producen más de cuatro millones de descargas de archivos musicales pirateados en el mundo.
Todo este consumo de música se realiza de espaldas a la industria, que intenta desesperadamente controlar ese mercado.
La primera reacción de las compañías discográficas fue perseguir por la vía legal las estructuras de intercambio gratuito de música en Internet y tratar de cerrarlas. Pero no es una tarea fácil, como explica la abogada Paloma Llaneza, experta en nuevas tecnologías: "La fortaleza de las estructuras peer to peer radica en que no son triangulares. No hay una base central que se pueda cerrar, habría que ir uno a uno apagando todos los ordenadores de los usuarios".
Otra estrategia de la industria para frenar la piratería en Internet es desarrollar software que dificulte la copia. Ese objetivo persigue la tecnología DRM (digital rights-management: gestión de derechos digitales), que hace que la música distribuida por Internet se pueda escuchar sólo en un reproductor determinado. Pero es discutible que eso sea justo para los consumidores legítimos. Cuando uno compra un disco, tiene derecho a escucharlo en casa, a ponerlo en el coche o a dejárselo a un amigo. Extender esas posibilidades de uso a la música distribuida por la Red puede entrañar un peligro, pero limitar ese uso puede ser injusto.
El desarrollo de esos métodos de protección, además, resulta caro. Y los hackers (piratas de Internet) suelen acabar por burlarlos. "La capacidad que tiene Internet para generar nuevos programas es enorme", explica Llaneza. "En un lado hay gente tremendamente ágil y en el otro estructuras empresariales muy torpes". Ahí está el ejemplo del DVD. "Se presentaba como una tecnología imposible de copiar", explica Llaneza, "y fue pirateado en 24 horas por un noruego de 17 años. El chico no podía reproducir un DVD en su ordenador porque tenía el sistema operativo Lynux, así que inventó un programa para poder hacerlo, que también permitía copiarlo". Por cierto: el chico, llamado Jon Lech Johansen, ha sido absuelto en un juicio por una acusación de piratería al considerar un tribunal de Oslo que "una persona que ha comprado un DVD legalmente fabricado tiene derecho a verlo".
También se combate la piratería de Internet introduciendo archivos contaminados en los sistemas peer to peer para entorpecer el servicio que éstos prestan a sus usuarios. Se calcula que estas prácticas bloquean cada mes 200 millones de descargas ilegales, pero son cuestionadas por mucha gente que no considera ético combatir el sabotaje con el sabotaje.
Todos estos esfuerzos por detener el intercambio ilegal de música se combinan con la oferta por parte de la industria de servicios legales de descarga. Ayer, seis empresas de distribución de discos - Virgin Entertainment, Wherehouse Music, Best Buy Co., Hastings Enternaiment, Tower Records y Trans World Enternaiment- suscribieron un acuerdo para lanzar una plataforma de difusión en Red destinada a crear "el lugar con mayor número de fondos musicales disponibles". Es ahí donde parece que se está trabajando ahora con más intensidad. "El modelo de negocio se está inventando en estos momentos", aseguraba el pasado mes de noviembre Jesús López, presidente de Universal Music para América Latina y la península Ibérica. "Estamos en la fase de nacimiento y a punto de entrar en la fase de implementación".
El reto es difícil, desde luego. El catedrático noruego Hanno Roberts, miembro del proyecto de investigación E*Know-Net de la Comisión Europea, es experto en el desarrollo de modelos de gestión para la nueva economía. "El problema es cobrar por algo que no puedes proteger", explica Roberts. "Es decir, pedir un dinero por algo que el cliente puede obtener gratis en otro lado. Por eso, el precio debe ser el elemento prioritario. Existen dos modelos principales de negocio en función del precio: uno de pago por suscripción (abonas una cantidad por un periodo de acceso a todo el material que quieras, como en un periódico) y otro de pago por cada transacción. Este último modelo no funciona, así que se está trabajando sobre todo en el primer modelo".
Luis Merino, consejero delegado de Gran Vía Musical (del grupo editor de este periódico), explica por qué la industria se ha decantado hacia ese modelo: "La suscripción duele menos al consumidor, que tiene toda la música que quiera por un dinero al mes". "La clave", apunta Merino, "es que la disponibilidad sea absoluta, no fraccionada. El consumidor tiene que poder bajar música de The Beatles, Bruce Springsteen, Serrat o El Fary. Y para eso hay que poner de acuerdo a todas las compañías, que es lo que retrasa el despegue".
Las discográficas ya están firmando contratos por los que ceden el uso de sus repertorios a servicios de suscripción como MusicNet o PressPlay en EE UU, u OD2 en Europa. Esta última empresa, cuya cabeza visible es el músico Peter Gabriel, ofrece más de 150.000 archivos musicales para bajar legalmente bajo suscripción.
La clave está en ofrecer descargas a precios competitivos, un servicio cómodo y valores añadidos que los piratas no puedan ofrecer, como entradas a conciertos, remezclas, etcétera. Y buscar nuevas vías de negocio. Un ejemplo: las melodías de los teléfonos móviles han supuesto unas ganancias de más de 1.000 millones de euros para los editores de música en 2002, según la empresa de telefonía Nokia. Y pronto los nuevos móviles podrán reproducir melodías polifónicas, de modo que ahí puede haber una importante fuente de ingresos en un futuro no muy lejano.
Las ventas de música continuarán cayendo unos años más, según dos estudios citados por la revista especializada Music & Copyright, y el punto de inflexión puede llegar en la mitad de esta década. Luis Merino coincide en la predicción: "El año 2005 puede ser el punto crítico. 2003 va a ser muy duro, y el año que viene el nuevo modelo debería empezar a despegar. Si para 2005 no está funcionando, el daño ya podría ser irreparable".
Un poderoso enemigo llamado 'peer to peer'
Según cálculos de la industria, ahora mismo hay cuatro millones y medio de personas conectadas a Internet con acceso, mediante las plataformas peer to peer (P2P), a casi 1.000 millones de archivos musicales pirateados. El P2P funciona de la siguiente manera: un usuario descarga en su ordenador un programa (KaZaA, Morpheus, Grokster...) y hace pública una parte del disco duro de su ordenador (la que quiera compartir con los demás usuarios). Desde ese momento, cada vez que esa persona encienda su ordenador y se conecte a Internet, la música que almacena en la parte pública de su disco duro queda a disposición de los demás usuarios del programa P2P.La tecnología supone una superación del sistema de Napster, la primera plataforma de intercambio gratuito de archivos musicales, que recibía 50 millones de visitas al mes, y cuya quiebra forzó la industria musical. A diferencia de aquélla, las nuevas estructuras P2P no tienen una base central, una web por la que pasen los usuarios. "Son como Napster pero sin Napster", explica la abogada experta en nuevas tecnologías Paloma Llaneza. "Sólo son servidores que ponen en contacto miles de ordenadores". Y eso los hace menos vulnerables, pues no se puede atacar la base, sino que habría que cerrar los ordenadores de todos los usuarios.Recientemente, sin embargo, el peer to peer ha sufrido una importante derrota legal. Un tribunal de Estados Unidos ha forzado al servidor de Internet Verizon a entregar los datos personales de un usuario que supuestamente pirateaba archivos musicales. Con la actual legislación, según Llaneza, en España también se podría forzar a los servidores a delatar a usuarios. Por otra parte,un juez falló ayer en Madrid a favor de Sony en un juicio contra el portal de pago Weblisten.com por comercializar música sin contar con la autorización de los propietarios de los derechos.Otro hecho que convierte a las plataformas peer to peer en un enemigo poderoso de la industria es que, hoy por hoy, su oferta es mucho mayor que la de los sistemas de descarga legal de música.El semanario musical inglés NME llevó a cabo una comparación entre el servicio legal de descarga de música de Microsoft MSN y la plataforma ilegal de peer to peer WinMX. El resultado fue que, en el primero, sólo una de cada siete búsquedas fue exitosa. El servicio legal no ofrecía resultados de grupos como Oasis o Radiohead, mientras que WinMX ofreció más de 3.000 archivos de esta última banda. Y al introducir en el buscador legal The Smiths, lo más parecido a la popular banda de Manchester que obtuvieron fue una pieza para un cuarteto de cuerda de los Smithsonian Chamber Players.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 28 de enero de 2003