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COLUMNA

Otro caso

Leo en La Stampa, diario de Turín, que el vicepresidente de la región de Liguria, Gianni Plinio, le ha mandado una carta al presidente de Andalucía: pide la inclusión de científicos de la Universidad de Génova en el grupo español que investiga el DNA de Cristobal Colón o, más exactamente, de los presuntos restos de Colón enterrados en la catedral de Sevilla desde que llegaron de La Habana en 1586, huyendo del corsario Francis Drake. Cuando todo el mundo veneraba en Sevilla el cadáver del Descubridor, una urna de plomo apareció en La Habana un día de 1877 con los despojos de don Cristobal Colón, primer señor de América.

Colón ha sido tradicionalmente héroe de enigmas fantásticos. Ahora es un caso para el laboratorio de identificación genética de la Universidad de Granada, y el vicepresidente de Liguria exige la presencia de detectives genéticos genoveses en Andalucía. "No podemos consentir adulteraciones históricas", dice Plinio. Aunque los expertos han constatado la genovesidad del más grande navegante de todos los siglos, en Génova temen que se produzca una falsificación y un robo: Plinio sospecha que los andaluces planean robarle Colón a los genoveses, desmintiendo sus orígenes absolutamente ligures.

Según leo en La Stampa, el equipo coordinado por el profesor José Antonio Lorente, de la Universidad de Granada, examina el DNA de los presuntos huesos de Colón y lo compara con el de Diego Colón, hermano del almirante y sepultado en Sevilla sin ningún género de dudas. ¿Pertenece el presumible Colón muerto a la familia Colón? La irrupción en el laboratorio del político genovés Gianni Plinio resalta el carácter novelesco de todo lo que se relaciona con Colón, como si volviéramos al tráfico medieval de reliquias y a las disputas entre parroquias por la autenticidad de un esqueleto milagroso. ¿No pidió el escritor francés León Bloy la beatificación de Colón, unificador del mundo bajo el cetro de Cristo? Ahora Plinio añade un elemento nuevo: la manía regionalista, enfermedad infantil del patriotismo.

No habría sido rara una confusión de cadáveres, un error en la atribución de restos, y menos estando en juego Colón, especialista en errores eficacísimos. Descubrió el nuevo continente porque pensaba que tal continente no existía, e imaginaba llegar al Oriente, a Asia, por Occidente. Creyó que Cuba era el extremo oriental de la India. Tuvo una capacidad fabulosa para el error, pero una mentalidad práctica, y aplicaba la receta que después daría Livingstone para la colonización de tierras salvajes: Cristiandad, Civilización y Comercio, la triple C. Errores de enterrador al margen, casi nadie niega que fue genovés Colón. Nadie puede robar su genovesidad.

Pero la pasión localista parece políticamente rentable. Yo veo perfectamente normal que las instituciones de Génova quieran participar en una investigación sobre Colón. Y también es normal, habitual, aquí y allí, la propaganda basada en agravios contra los fetiches históricos y turísticos de la región, sea la que sea: el robo de Colón y la inadmisible negación de su genovesidad, por ejemplo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de febrero de 2003