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Reportaje:

El deporte exige mayoría de edad

Varios médicos alertan de que los ejercicios de musculación antes de los 14 años pueden causar problemas en el crecimiento

Los beneficios del ejercicio físico son incuestionables a cualquier edad, más aún en los jóvenes. Sin embargo, practicar deporte de un modo inadecuado puede acarrear consecuencias poco deseables para los menores de 14 años. Expertos en medicina deportiva recomiendan que los niños por debajo de esa edad jueguen y hagan todo tipo de deportes sin especializarse en ninguno y que, además, lo hagan de un modo lúdico. Un entrenamiento intensivo, como el que reciben quienes se preparan para ser deportistas de élite, provoca numerosas anormalidades en el desarrollo físico y psicológico de los jóvenes.

María José Aguilar Cordero, catedrática de Enfermería Infantil de la Universidad de Granada, enumera los beneficios que una práctica deportiva adecuada ofrece a los jóvenes. "El juego físico antes de los 12 o 14 años estimula el desarrollo psicomotor, mejora las condiciones de salud y, esto es importante, aporta más sangre a los cartílagos, lo que da más fortaleza al hueso y reduce el riesgo futuro de descalcificación y de fracturas. Además, se consigue un desarrollo más armónico del organismo".

En la parte contraria, Aguilar enumera los problemas que puede ocasionar un deporte intensivo o no adecuado a la edad y características de los niños y niñas: "Practicar de modo intensivo ciertos deportes, por ejemplo el tenis, puede provocar un crecimiento asimétrico en los niños. En las niñas, el retraso en la menstruación es muy frecuente. Psicológicamente, los chicos pueden desarrollar un egocentrismo exacerbado, temor al fracaso e incluso al éxito". Otras consecuencias negativas pueden ser cansancio, agotamiento nervioso, anorexia o cefaleas.

Juan Granda, doctor en Ciencias de la Actividad Física y profesor universitario, explica dónde considera él que se encuentra el problema: "A veces se aplica a niños y jóvenes un entrenamiento pensado realmente para adultos". Por eso, Granda insiste en la necesidad de que los niños tengan unos preparadores deportivos conocedores de las necesidades de los niños. Cualquier entrenador bien preparado tiene que conocer los riesgos de someter a niños por debajo de 12 o 14 años a sesiones de pesas o musculación, una práctica contraindicada a esas edades.

Los especialistas en medicina deportiva e infantil tienen muy claro cómo debe desarrollarse la carrera deportiva de una persona. La profesora Aguilar habla del primer tramo: "Entre los dos y los seis años no es recomendable desarrollar programas estructurados de ejercicio físico. La actividad física natural del menor es suficiente para estimular la percepción sensorial, la coordinación motriz y el sentido del ritmo".

Carlos de Teresa, director del Centro Andaluz de Medicina Deportiva, continúa el calendario oportuno de prácticas deportivas: "Entre los seis y los ocho años, el deporte debe ser un juego; entre ocho y 12, los jóvenes deben practicar el mayor número de deportes posible para desarrollar la psicomotricidad, la resistencia, la fuerza... y sólo a partir de los 13 o 14 años debe comenzarse la especialización en un único deporte. El deporte de élite y su entrenamiento intensivo sólo debe comenzar a partir de los 16". En todo caso, el carácter competitivo del deporte no debiera comenzar antes de los 10 o 12 años, siempre sin presionar a los chavales. Un caso paradigmático que contraviene estas muestras de precaución son las niñas que a los seis u ocho años se especializan en gimnasia deportiva. Sólo unas pocas llegarán a la élite y, además, cuando abandonen su carrera la mayoría tendrá que hacer frente a problemas físicos y metabólicos.

Cuando la afición se reduce al anhelo de papá

La profesora María José Aguilar ofrece un dato significativo: el 80% de los jóvenes de 17 años abandonan la práctica de todo tipo de deporte. Especialmente significativo es, sin embargo, el gran número de abandonos en quienes se han dedicado esforzadamente al deporte en busca de un lugar en la élite. Aunque no hay cifras concretas, todos los especialistas consultados coinciden en que esa es una realidad. Muchos niños y niñas que comenzaron a jugar al tenis, a nadar o a hacer gimnasia de un modo intensivo con vistas a la alta competición toman una decisión drástica cuando alcanzan los 17 o 18 años y no quieren saber nada más.

José Antonio Sánchez Jaimez, presidente de la federación granadina de tenis, conoce bien el asunto. Su hija era una prometedora tenista a los 15 años y hasta ahí llegó porque, poco después, dejó el tenis de un día para otro. Ahora, ni siquiera quiere hablar del asunto. Sánchez Jaimez reconoce que a veces son los padres quienes empujan a sus hijos a esa vida y, de hecho, son los padres quienes juegan un papel difícil de valorar. "Los padres pueden acabar quemando a los hijos. Éstos muchas veces disfrutan muy poco del deporte y, a los 17, la selectividad o la carrera les sirve de excusa para dejar todo atrás".

Juan Antonio Mora, presidente de la Asociación de Psicología del Deporte en Andalucía y profesor de Psicología en la Universidad de Málaga, recuerda que en la mayoría de los casos son los padres quienes, con la imposición de su criterio, movidos por sus deseos de fama o dinero para sus hijos o por la frustración de lo que ellos no han podido ser, distorsionan el proceso evolutivo cuando deciden que algo lúdico se convierta en una profesión antes de tiempo. Mora deja claro que es necesario que "los padres dejen a los hijos disfrutar del deporte y si se ve que el o la joven tiene posibilidades, que no sea la familia quien tome la decisión sino que esto sea algo exclusivo del menor. A partir de ahí, la familia sí debe apoyar, pero nunca inducir". Así las cosas, no son los papás quienes deben dar el empujón para el inicio de la práctica profesional del deporte; es una vida tan dura que eso sólo puede decidirlo quien va a sufrir sus consecuencias, las buenas y las malas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de febrero de 2003

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