Aznar, Berlusconi, Blair, Bush, Sharon, el pensamiento único, el autoritarismo, los que creen tener la razón porque las urnas o las armas les han dado un cheque en blanco nos están llevando a un callejón sin salida. Nos cogen de la mano en nombre de la libertad y la lucha contra el mal y nos quieren llevar a revivir la historia, esa historia reciente de fascismo y destrucción que la sociedad parece haber olvidado; y nos llevan con la política del no pienses, no cuestiones, no llegues al fondo de nada, no te preocupes, yo te distraigo. Nos inducen a estar pendientes de si el príncipe se casa o no, para que no entremos en si se le debe seguir manteniendo; a seguir pensando que la política no va conmigo y no en cómo es posible que Blair y Aznar tengan tanto en común; a seguir viendo desde muy lejos cómo los de siempre tienen cada vez más y no en cómo puede ser que cada día cueste más llegar a final de mes, ni en por qué hay personas durmiendo en los cajeros automáticos.
Pues bien, pueden suceder dos cosas: que vayamos ganando insensibilidad ante nuestra cotidianidad y, por tanto, se destruya toda esencia en el ser humano, o que al encontrarnos acorralados en esa oscuridad del callejón intentemos salir de él. Por favor, no nos aprisionen más, queremos salir.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de febrero de 2003