Hay una frase de Bush en su mensaje del estado de la Unión, el pasado 28 de enero, que evoca a alguien próximo. Fue cuando dijo que después del 11 de septiembre de 2001 se produjeron 3.000 arrestos de sospechosos en Estados Unidos. La mayoría de ellos fueron acusados de violar la ley de inmigración:
-Muchos otros han conocido una suerte distinta. Digámoslo de esta forma: ya no son un problema para Estados Unidos.
José María Aznar solía decir algo así: "Teníamos un problema y lo hemos solucionado".
El delfín Rodrigo Rato y los dos candidatos a la sucesión, Mariano Rajoy y Jaime Mayor Oreja, están de acuerdo: el partido socialista debería hacer confianza en el Gobierno y apoyar sin reservas, por razones de Estado, su política respecto a Irak. El pasado 31 de enero, después de la reunión del Consejo de Ministros, Rajoy se remontó a 1990, cuando Irak invadió Kuwait, y dijo que el Partido Popular apoyó al Gobierno que presidía Felipe González:
La Casa Blanca dio la lista de la nueva Europa. Y España estaba en ella
-Me gustaría pedirle un esfuerzo al PSOE en el tratamiento de estos temas que son serios e importantes y afectan a la seguridad nacional. Sería deseable que no se actuara siempre en clave electoral, dijo. El Gobierno quiere la paz. Cualquier persona que esté a favor de la guerra no está en sus cabales, añadió.
Rajoy no hacía más que explicar el significado del nuevo diccionario que procede de la Casa Blanca: la guerra es la paz; la ocupación de Irak, la liberación, y la invasión colonial -pozos de petróleo incluidos, claro está-, la independencia. Las palabras que en el pasado tenían un significado, ahora están cargados de otro. A veces, exactamente el contrario.
La idea de que cualquier persona que esté a favor de la guerra no está en sus cabales puede ser vista como una reacción de sentido común del vicepresidente primero. Pero aquí el debate parece ser otro. En los cabales de Bush hay una estrategia. Y en los de aquellos que están detrás suyo, como el vicepresidente Dick Cheney, a quien Rajoy tuvo el gusto de conocer en Washington después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, también.
En esos cabales, los de Bush, Cheney y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, ya estaba antes del 11 de septiembre una idea que ahora lo ha inundado todo: una América fuerte debía reemplazar a otra debilitada por ocho años de dominación demócrata. A ojos de los republicanos, la debilidad de Bill Clinton ante la carne era paralela a otra debilidad, la que habría provocado la vulnerabilidad en materia de seguridad y defensa.
No es difícil ver hasta qué punto Aznar se mira en la situación actual como en un espejo. Si Bush ha sustituido a Clinton, él, Aznar, ha ganado a Felipe González. Aznar se identifica con Bush mientras que González es Clinton.
Un diplomático que representa a uno de los 15 países del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas explicó, en privado, cuales han sido sus impresiones sobre la evolución del problema de Irak en la ONU.
"Yo creo que la historia reciente empezó el día 20. Ese día se reunía la comisión de terrorismo creada después del 11 de septiembre de 2001. El secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, anunció que asistiría. El tema a debate no era la guerra contra Irak sino las medidas que cada país estaba terminando de adoptar en la lucha contra el terrorismo. Pero el ministro de Exteriores de Alemania, Joschka Fischer, hizo un alegato contra la guerra y dijo que su país no veía reunidas las condiciones; su homólogo francés, Dominique de Villepin, no sólo se pronunció en términos parecidos sino que habló con la prensa".
¿Adónde condujo esto? El diplomático prosigue: "Powell hizo el ridículo. Aquellos con quienes proponía hacer una coalición internacional le habían jugado una mala pasada. Los duros del gobierno Bush, como Cheney y Rumsfeld, apretaron las tuercas y exigieron a Powell una respuesta".
Acto seguido, Rumsfeld sugirió a la prensa que mirara el mapa de la OTAN en Europa para ver cómo se había desplazado el poder de la "vieja Europa" a la nueva Europa. Enseguida, la Casa Blanca dio la lista de la nueva Europa. Y España, junto con el Reino Unido e Italia, estaba en ella.
La revancha de Estados Unidos llegó el 26 de enero. Powell hizo un discurso elaborado y señaló con el dedo, implícitamente, a Alemania y Francia cuando dijo que la historia juzgará a aquellos que fallaran a la hora de actuar.
El diplomático antes mencionado advierte: "El lunes 27 de enero fue un día muy triste. Los inspectores habían entregado el informe sobre Irak. El discurso de John Negroponte, por Estados Unidos, fue durísimo. Pero el Reino Unido se desplazó hacia el centro. Su representante pidió más tiempo para los inspectores. Fue España quien actuó como el aliado más incondicional de los estadounidenses. Inocencio Arias, el representante de España ante Naciones Unidos, fue lapidario, en las palabras y en el tono. A quienes le conocemos desde hace tiempo, nos sorprendió. Sabemos que seguía instrucciones. Pero siempre hay un margen..."
La película todavía no había terminado. Estados Unidos, directa o indirectamente, conseguiría mostrar que Alemania y Francia no representaban la posición de los países europeos. Fue la carta que promovió The Wall Street Journal. Ocho líderes europeos, entre ellos Blair, Aznar y Berlusconi, suscribían una posición del agrado de Washington. La Administración Bush había dado un paso adelante hacia la coalición internacional que pretende dirigir en el caso, más que improbable, de que Naciones Unidas, llegado el momento decisivo, no autorice la invasión.
No fue la única iniciativa. El embajador estadounidense en Madrid, George Argyros, envió una carta al presidente de la Comisión de Exteriores del Congreso de los Diputados, Jesús Posada, dirigente del Partido Popular, para que los portavoces de todos los grupos políticos acudieran a un almuerzo en su residencia, el miércoles 6 de febrero, a fin de conocer su punto de vista. El día anterior, Powell tiene previsto presentar en Naciones Unidas las pruebas que demostrarían una ocultación de armas químicas por parte de Sadam Husein. Y, en paralelo, el presidente Aznar anunciaba su primera comparecencia ante el Parlamento para informar sobre Irak.
Hasta ahora, Aznar se había opuesto tenazmente a abordar el tema de la guerra en el Parlamento -actitud que han apoyado el delfín Rato y el candidato Mayor Oreja-, pero hete aquí que finalmente lo hará como parte de la campaña propagandística de Estados Unidos. Es evidente que los sondeos secretos del Gobierno español aconsejaban esa comparecencia.
Pero no lo es menos que Aznar también cumplirá con Bush, que necesita a sus aliados en el ruedo a pocas semanas del inicio de la invasión. Con una diferencia de horas a su favor -el miércoles, 5 de febrero, Powell presentará las pruebas en Naciones Unidas- el presidente del Gobierno puede ofrecer alguna exclusiva, algo concreto, como cuando fue, en su día, a Galicia. ¡Noticia bomba!, que diría el escritor Evelyn Waugh.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de febrero de 2003