Las encuestas a veces yerran, pero, de estar en lo cierto, hoy será un día muy negro para el canciller alemán, Gerhard Schröder: todo indica que el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), que preside, sufrirá una demoledora derrota en las elecciones convocadas para este domingo en los Estados regionales (länder) de Hesse y Baja Sajonia. Con ello, la opositora Unión Cristiana Democrática (CDU) previsiblemente consolidará aún más su control de la Cámara alta del Parlamento (Bundesrat, en el que toman asiento los länder) y, en el año 2004, podría elegir al sucesor del actual presidente alemán, el socialdemócrata Johannes Rau.
Todos los analistas coinciden en que Schröder recibirá hoy la factura por la caótica y sumamente impopular gestión llevada a cabo tras la apretada victoria electoral de socialdemócratas y verdes en las elecciones federales del pasado 22 de septiembre. Precisamente en los últimos días, los ciudadanos están viendo por primera vez en sus nóminas las consecuencias de los desesperados intentos de Schröder y sus ministros de mantener bajo control el déficit público, que el año pasado se disparó hasta el 3,7%. Entre aumentos de impuestos, recortes de subsidios e incrementos en las cotizaciones a la Seguridad Social, un empleado medio gana actualemente cerca de cien euros menos de lo que percibía en diciembre pasado.
13 años en manos del SPD
El varapalo podría ser especialmente significativo en Baja Sajonia, el Estado federado sede del grupo automovilístico Volkswagen que fuera gobernado por el mismo Schröder entre 1990 y 1998 y que, desde hace 13 años, se encuentra en manos de los socialdemócratas. El primer ministro es Sigmar Gabriel, un político de mucho talento y altos índices de popularidad que, sin embargo, ahora corre el peligro de pagar los platos rotos por Schröder. Después de haber rozado la mayoría absoluta en 1998, las encuestas prevén que el SPD en esta ocasión ya sólo alcanzará el 33% de los votos, lo que abriría las puertas a un Gobierno democristiano en este land. Una posibilidad bastante real, ya que, según los sondeos, la CDU reúne una intención de voto del 48%, y los liberales del FDP, un 6%.
Hesse, cuya ciudad más importante es Francfort, por contra, ya es gobernado por una coalición entre democristianos y liberales, que llegó al poder en 1998 tras derrrotar a Hans Eichel, que posteriormente fue nombrado ministro de Finanzas.
Roland Koch, el actual y con toda probabilidad futuro primer ministro, tiene buenas posibilidades de hacerse con una mayoría absoluta que podría servirle de carta de presentación en sus aspiraciones de convertirse algún día en el candidato democristiano a canciller de Alemania.
Schröder, que ha restado públicamente importancia a las encuestas y se ha declarado experto en ganar en "los últimos metros", ha intentado contrarrestar los malos augurios recurriendo a su firme posición en contra de la guerra contra Irak. Koch, al que las encuestas le dan el 51% de los votos, ha respondido que "Irak parece ser el único tema del SPD, y los electores saben que eso es algo que nada tiene que ver con unas elecciones regionales".
El secretario general de los democristianos, Laurenz Meyer, dejó entrever ayer una primera consecuencia concreta de la previsble derrota del SPD. "Nuestra meta es poner el próximo presidente, y las victorias en Hesse y Baja Sajonia nos acercarían a ello", dijo, en conversación con el periódico Berliner Zeitung. El presidente alemán, un cargo fundamentalmente representativo, es elegido por una asamblea federal de 1.206 miembros, de los que ya hoy día 595 son conservadores o liberales.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de febrero de 2003