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COLUMNA

Carnero

Ayer celebraron 1.500 millones de chinos la llegada del año nuevo, que para ellos comienza el 1 de febrero. En China no inician el 2003, sino el 4700 de su calendario. Van muy por delante de nosotros. Acaso por eso sonríen tanto, o lo parece. El año pasado fue del caballo, que trotó por el planeta partiendo piernas. Ahora llega el carnero; algunos sinólogos afirman que se trata de una cabra. Los expertos en horóscopos aseguran que, tanto el carnero como la cabra son rumiantes que traerán al mundo este año un poco de sosiego, cuernos retorcidos (pero huecos, sin nada dentro), cierto equilibrio externo y un resurgir de los jardines interiores. Dios bendiga a la China, a los carneros y a las cabras. Y que a nosotros nos toque algo.

En Madrid reside una cantidad incierta de chinos. Estimaciones oficiales dan la presunta cifra de 15.000, pero todo parece indicar que pudieran ser más del doble. Muchos son vecinos de Lavapiés. Tienen por todos los barrios restaurantes, establecimientos de todo a 100 y tiendas de frutos secos, donde también expenden huevos, birras, vinagre, gominolas, papel higiénico y del otro, hielo y todo lo demás. Una bendición. También está comprobado que ciertos sectores mafiosos someten a bestial servidumbre a sus compatriotas, y que son los capos del pirateo discográfico y otras actividades igualmente censurables. La mayoría, empero, son buena gente que llegó aquí a buscarse la vida huyendo de opresiones diversas. Esos chinos ya son muy nuestros, y viceversa.

Madrid está aprendiendo a ser cosmopolita, pero todavía hay mucho cacao mental al respecto. Menos mal que surgen voces lúcidas de vez en cuando. Es el caso del antropólogo vasco Mikel Azurmendi, que ha sintetizado las líneas maestras para afrontar la situación coherentemente en su libro Todos somos nosotros (Taurus), presentado el miércoles en el Círculo de Bellas Artes: el multiculturalismo es una gangrena; hay que apostar por la fusión de los grupos en una sola cultura plural. La solución es la simbiosis: asociación de seres vivos con parasitismo mutuo y beneficioso. El multiculturalismo es una jaula de grillos. Eso lo saben hasta los chinos. Que el carnero nos asista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de febrero de 2003