Con la última claridad del día el frío comenzaba a llegar, y haría mucho más frío durante la noche.
La hembra dio a sus crías unas ramas con bayas y algunos frutos; después el grupo familiar se fue reuniendo en una oquedad de la cueva, donde fueron juntando sus cuerpos para mantener algo del calor del día, mientras el frío les iba aletargando poco a poco.
En aquellos momentos recordaban con añoranza cuando la tribu les proveía de fuego con el que cocinar algo más nutritivo que las bayas, y su luz y su calor les permitía quedarse durante la noche a su alrededor y....
No es Orce ni Atapuerca hace 300.000 años. Es Sevilla (Triana) en diciembre y enero de 2003, donde el estupendo servicio de suministro eléctrico de Endesa-Sevillana (con varios cortes y unos magníficos 170 voltios que no llegan ni a encender los fluorescentes) nos está permitiendo por módico precio conocer, junto a nuestros hijos, nuestro pasado más remoto. ¡Gracias, Endesa!
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de febrero de 2003