Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
LA DEFENSORA DEL LECTOR

¿Exceso de religión católica?

¿Somos católicos los españoles? Sí, a juzgar por lo que declaramos cuando se nos pregunta, ya que el 80% de la población se define como católica. Bastante menos a la hora de la verdad. El 46% de estos católicos confesos reconoce que casi nunca acude al precepto de la misa, a la que sólo asiste un 18,5% "casi todos los domingos" -encuesta del CIS de septiembre último-. Y más dudoso todavía cuando acudimos al bolsillo. En la última declaración de la renta, en la casilla "otros fines de interés social", el 48% de los españoles escogió a las ONG para su aportación, en detrimento de la Iglesia católica, que recaudó un 39%. ¿Interesa a esta sociedad, cada vez más laica, el hecho religioso aunque sea como mera cuestión cultural, histórica o de debate público?

Se preguntarán a qué viene esta curiosidad sobre aspectos tan relacionados con nuestra esfera privada, pero verán que no es ajena a las inquietudes de nuestros lectores. Algunos de ellos se han dirigido a esta Defensora del Lector para reprochar que EL PAÍS se excede, en espacio y dedicación, a la hora de informar sobre la religión católica y su jerarquía eclesiástica. Eso es lo que aprecia, "con cierta sorpresa e inquietud", Rafael Martín Sánchez, quien añade que ya se encarga esa jerarquía, la Conferencia Episcopal, "de influir en la sociedad española por los muchos medios que tiene a su alcance". Señala este lector que no tendría nada que reprochar a "su periódico" si no fuera porque el artículo 16 de nuestra Constitución consagra la aconfesionalidad del Estado, dejando en un plano de igualdad a la Iglesia católica y a las demás confesiones.

Vieja disputa

Otro lector, Fernando Peregrín, en una amplia y detallada carta, se pregunta, entre otras cosas, las razones por las que este periódico ha tratado recientemente "con tanta amplitud, relevancia y persistencia el social e informativamente irrelevante asunto de la censura de las autoridades de la Iglesia católica a unos escritos del teólogo español Juan José Tamayo". Peregrín critica el despliegue de información, tribunas de opinión y cartas de apoyo para lo que, dice, "no deja de ser una nueva versión de la vieja y caduca disputa del arrianismo, sin el menor interés ni para católicos, ni agnósticos, que no pertenezcan a alguna asociación de teólogos, cristólogos y demás crédulos estudiosos de los mitos y leyendas de esta religión". Considera este lector que discutir a estas alturas sobre la naturaleza humana o divina de Jesucristo es una estupidez. La Iglesia católica, añade, "dicta sus leyes y dogmas, y al que no le gusten, o sigue los trámites reglamentarios para cambiar 'los estatutos del club' o se da de baja en él. Lo demás es pura majadería y ruido de sotanas que no merece los desproporcionados espacios que le dedica EL PAÍS".

El filósofo Fernando Savater responde que el espacio parece, a veces, "un poco sobredimensionado en lo que concierne a la religión católica, sobre todo en lo referente a las declaraciones del Papa u obispos, si tenemos en cuenta su implantación real en la sociedad actual, y cómo la gente sigue sus pautas". Por su parte, la catedrática de Ética Adela Cortina considera que "quien tiene la obligación de ser laico (no laicista ni confesional) es el Estado, no las sociedades".

En los días comprendidos entre el 10 y 23 de enero pasado, fechas que coincidieron con la censura vaticana al teólogo Tamayo, y la publicación de un documento del Vaticano sobre los "principios cristianos innegociables", el periódico dedicó unas seis páginas completas a distintas informaciones relacionadas con la Iglesia católica -dos páginas completas los días 10 y 11; cuatro columnas el día 17 (que también tuvo una "careta" a dos columnas en primera página), y otras tres páginas, sumando distintas informaciones, los días restantes.

Sin pastoral

Sebastián Serrano, redactor jefe de Sociedad y responsable de la información religiosa, entiende que haya lectores que consideren excesivo el espacio dedicado a temas religiosos, aunque está seguro de que a otros les parecerá poco. "Simplemente quiero subrayar que muchos periódicos españoles publican cada domingo la pastoral del prelado correspondiente e incluso los horarios de misa, mientras que EL PAÍS, un diario laico, no lo hace. Lo que no puede hacer una publicación, por muy laica que se considere, es dejar de informar de temas que interesan a una gran parte de la población española, que tiene sentimientos religiosos o está interesada por el fenómeno religioso aunque no lo comparta. Dentro de nuestro ámbito cultural, periódicos también laicos como Le Monde o La Repubblica ofrecen al menos tanta información religiosa como EL PAÍS".

Serrano añade que no puede extrañar que, de todas las religiones, sea la católica la que ocupa la mayor parte del espacio que dedicamos al tema. "Es la mayoritaria en España y la que tiene mayor influencia en muchos ámbitos de nuestra sociedad, desde el educativo hasta el político. Basta recordar que el pasado día 16 la Congregación para la Doctrina de la Fe (antes Santo Oficio de la Inquisición) difundió una nota en la que instaba a los políticos católicos de todo el mundo a defender la doctrina católica en sus respectivos parlamentos. Algún lector considera que la condena vaticana del teólogo Juan José Tamayo ha sido magnificada porque, en definitiva, se trata de un asunto interno de la Iglesia católica. Querría responder con esta pregunta: ¿deberíamos no haber informado de la destitución de Van Gaal por la directiva del Barcelona porque se trata de un asunto interno del club? La descalificación de la obra de Tamayo merece una buena cobertura, igual que en su momento la tuvieron las condenas de otros destacados teólogos, como Leonardo Boff o Hans Küng. Hay asuntos internos que trascienden a las organizaciones en que se producen".

Un debate, sin duda, interesante, al que el sociólogo Enrique Gil Calvo aporta su punto de vista: "Los españoles somos cada vez menos practicantes, pero mantenemos intacto lo que se puede llamar un 'estilo católico de vida', aunque ya no contrarreformista, sino permisivo y tolerante. Somos indulgentes con los demás para que se nos perdone todo a nosotros. Weber se equivocó al predecir que la secularización extinguiría las religiones. Por el contrario, la posmodernidad las ha revitalizado, creando nuevas y multiplicándolas como los panes y los peces. Así que creo que ese periódico no da mucha información religiosa, sino, quizá, demasiado poca". Pero el sociólogo aprecia que la misma está "sesgada", "ya que prioriza el catolicismo y, dentro de éste, a los 'progresistas', lo que le mueve a mantener una cierta inercia anticlerical". Y se pregunta: "¿Por qué, al igual que el diario entra en las pugnas internas del catolicismo, tomando partido, no hace lo mismo con otras religiosidades extraoficiales o informales? O todas o ninguna. No neutralismo, pero sí imparcialidad".

Pedro Tarquis, portavoz de la Federación Protestante Española (Ferede), confesión que goza del reconocimiento oficial de "notorio arraigo", mantiene que EL PAÍS es uno de los diarios más respetuosos en su trato con el protestantismo. "Sin embargo, peca -como todos los medios españoles- de fijación obsesiva con el catolicismo, siendo paradigmático que se diga siempre 'la' Iglesia, como si no existiera otra: 'la Iglesia se opone al uso del preservativo', por la Iglesia católica, cuando la Iglesia protestante no tiene esta postura. Esto implica una ausencia generalizada de información sobre el protestantismo español e internacional".

Parece, pues, que la Iglesia católica, sin duda todavía por el peso económico, educativo y cultural que arrastra en este país, se lleva la parte informativa del león en detrimento de otras minorías religiosas o de nuevos problemas éticos emergentes. En este sentido, el filósofo Fernando Savater hace constar su oposición al binomio obligado ética-religión. "No puedo estar de acuerdo en que cada vez que se hable de ética tenga que aparecer la religión como si fuera algo exclusivo de ésta. Los problemas morales tienen que plantearse fuera del ámbito de las religiones. Las religiones tienen una ética, que es la que es, pero no tienen la exclusiva".

Los lectores pueden escribir a la Defensora del Lector por carta o correo electrónico (defensor@elpais.es) o telefonearla al número 913 37 78 36.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de febrero de 2003