El pasado jueves 30 asistí a la entrega de las medallas de la ciudad a las víctimas del terrorismo en el Kursaal. Fue un acto cariñoso y emotivo al tiempo que sobrecogedor, ¡son tantos! ¡tantas familias rotas! ¡tantos sueños deshechos! ¡tanta sangre!
Confieso que me emocioné, sobre todo cuando los presentadores después de nombrar a una de las víctimas, añadían: Recoge la medalla, su madre... y una anciana digna y emocionada subía al escenario y se fundía en un estrechísimo abrazo con una María San Gil al borde de las lágrimas.
Me gustó el gesto del Alcalde al reconocer que muchas veces el Ayuntamiento y él mismo no habían estado a la altura y que el homenaje llegaba tarde. Pero me hubiera gustado, más aún, que se hubiera, al menos mencionado, a los grupos que durante muchos años sí se preocuparon de las víctimas e intentaron acompañarles y ayudarles. Me refiero a la Asociación por la paz de Euskalherria, fundada por Cristina Cuesta, luego Denon Artean y más tarde ¡Basta ya!, entre otros. Hubiera sido un detalle elegante y sobre todo de justicia.
A muchos nos sorprendió el criterio para seleccionar a las víctimas utilizado por el Ayuntamiento ya que, por ejemplo, estaban los familiares de Froilán Elespe y Juan Priede, y no estaban los de Manuel Zamarreño ni José Luis Lopez de la Calle; estaba Julio Iglesias Zamora, y no otros secuestrados donostiarras.
Para no quedarme con la duda pregunté a uno de los organizadores y esto fue lo que me contestó: ¿Hemos avisado a todos, bueno, a todos los que están en Internet, claro? (¡!). Así que ya lo sabes, si no estas en la red ni existes, ni has existido.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de febrero de 2003