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COLUMNA

Benimaclet

Como periodista, me preocupo por la de trolas que nos hacen reproducir, involuntariamente, a base de desinformación y medias verdades. Pero más acongojada estaría ejerciendo de policía o similar, si quisiera trabajar bien y vista la desmesura de sus últimas intervenciones y el estrepitoso fracaso, por no decir directamente ridículo, que ha jalonado algunos de sus más cacareados éxitos.

El tambor de detergente (no biobelicista, sino biodegradable) de los fundamentalistas islámicos es de antología. Y la muerte por disparo de Llorenç Alberola, mientras le cacheaba un guardia civil, el ejemplo de cómo después de una gran tragedia los mandos reaccionan distrayéndonos con una película sobre atracos, compra de drogas y movimientos sospechosos. Un "suceso" de hace tres semanas, medio enterrado si no fuera por esas pequeñas esquelas fechadas en Sueca con las que se pretende "limpiar la memoria de la víctima de un error irreparable".

En Benimaclet se pusieron de carnavales. Y no digo que la marcha no moleste a algunos vecinos, también a mi me cargan los ruidosos falleros y los escandalosos futboleros, pero no les acusaría de criminales ni aprobaría que la emprendieran contra ellos los guardias de la porra.

Y parece seguro que hubo carga policial desmedida. Quizá algunos jóvenes plantaran cara al toque de silencio, pero el juzgado pronto puso en la calle a quienes se había calificado de terroristas. En palabras de una de aquellos "peligrosísimos elementos, estrategas de la emboscada a las fuerzas del orden": Le dije a mi amiga que cómo se habían currado aquellos el disfraz de policía , tan auténtico, hasta que les vimos pegar. No lo podíamos creer, allí no había bronca. Salimos por pies entre el caos, tropezando y cayéndonos por calles en obras, embarradas. Los polis venían por delante y por detrás, mi grupo se separó y no nos encontramos hasta las 6'30. No me dejaban salir de la plaza. A un amigo, tan pacífico como yo, le querían dar fuerte en la cabeza. Pudo protegerse, pero le machacaron el brazo. Fue impresionante". Como lo cuenta, lo cuento. Aunque sólo sea por tratar de compensar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de marzo de 2003