Este año 2003, es el Año Europeo de las Personas Discapacitadas. ¿Sirve de algo otorgar un año a una causa o motivo?
Mi hija tiene autismo, y a sus seis años el mundo es muy reducido para ella, la realidad está en su mente, su relación con el exterior es esporádica y no tiene amigos ni amigas en el colegio. No se sabe el porqué del autismo, por qué se produce (en mi caso no hay antecedentes familiares), y cada vez que oigo que se avanza en el tratamiento del sida y el Alzheimer, enfermedades relativamente nuevas, me pregunto por qué no se avanza en este otro tipo de enfermedades, que aparecen en la niñez y continúan hasta la muerte.
He llegado a la conclusión de que es un problema político, no interesa hacer nada o poco porque estas personas no podrán votar, no tendrán peso en la sociedad, porque no son suficientes para crear alarma social, como pueden ser los enfermos de sida o Alzheimer. Y que conste que me alegro y mucho de los avances en estas dos enfermedades, pero quienes tenemos que pasar toda una vida con un hijo, hermano, etcétera, con cualquier minusvalía psíquica grave (autismo, síndrome de Asperger, síndrome de West...) necesitamos hechos, y no sólo bonitas palabras.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2003