Después de ver con sorpresa, y no sin cierta extrañeza, cómo un colectivo tan heterogéneo como el de la cultura, especialmente el del cine, se sumó o, más bien, capitaneó la protesta ciudadana del clamoroso no a la guerra, me entró cierto estupor cuando en la salida de la pasada Vuelta ciclista a Andalucía hablaba con mis compañeros de todo esto y de la polémica que generó la gala de la entrega de los Goya y veía que muchos ni siquiera tenían una opinión formada. O, peor aún, me respondían con un pavoroso "¿y qué?; total, ¿a nosotros, de todo eso, qué nos importa?".
Yo qué quieren que les diga. Sé que existe la idea de que el deportista es un ejemplo a seguir en cuanto a sus valores para la juventud especialmente; que si sacrificados, esforzados, dedicados en cuerpo y alma al entrenamiento, a la concentración para la competición... Pues sí, en la mayoría de los casos es cierto, pero, al final, detrás de cada deportista existe una persona normal y corriente que muchas veces ni siquiera es consciente de este rol que él no ha elegido y que, creo, debería ser libre de aceptar o no. Vale que somos hombres anuncio. Vale que quizá a nuestros patrocinadores no les interese mezclarse en asuntos políticos. Pero, cuando se trata de criterios morales, no debería haber marca que valga. Pero parece que sigue pesando más el miedo al qué dirán que el orgullo de clamar lo que verdaderamente piensas. Así que seguiremos como cuando el decretazo, es decir, desunidos y haciendo cada uno la guerra por su cuenta en función de lo que a mí me afecte: ¿Irak? Bueno..., eso creo que está muy lejos. Yo pude participar temporalmente en una de las manifestaciones; mis obligaciones me lo permitieron y, simplemente, ésa fue mi opción, pero, si hubiese cometido la osadía de plantear entre mis compañeros cualquier reivindicación conjunta, como se ha producido con toda naturalidad en otros colectivos, la respuesta habría sido unánime: ¡¡¡¿¿¿Quééé???!!!
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Pedro Horrillo es ciclista del equipo Quick Step.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2003