"Es un empleado como otro cualquiera y como tal le toca obedecer", Jean Todt, director del todopoderoso Ferrari, definió hace meses a la perfección a Rubens Barrichello, uno de los corredores del equipo italiano, el segundo, concretamente, ya que el primero ejerce de leyenda y responde al nombre de Michael Schumacher. Mientras apura sus últimos entrenamientos en el circuito valenciano de Cheste, a una semana de que se inicie el Mundial, Barrichello, de 30 años, se apoya en las cuatro carreras ganadas en el pasado campeonato para desprenderse de la etiqueta de segundón.
Pregunta. Dicen de usted que es simpático, educado, amable... Un ejemplar extraño en el mundo de la fórmula 1. Usted era feliz incluso cuando no ganaba.
"Si Michael Schumacher y yo llegarámos al final igualados, Ferrari dejaría que ganara el mejor"
Respuesta. Yo me llevo bien con todo el mundo. No tengo problemas y me gustan las personas correctas. Siempre fui feliz. Siempre llevé una vida muy tranquila, haciendo lo que me gustaba, que era correr. Tardé mucho en ganar el primer Gran Premio, hubo mucho tiempo de batalla. Pero en cuanto hice 11 carreras con Ferrari llegó la victoria.
P. Y tanto que tardó. 124 carreras concretamente.
R. Hombre, pero hay muchos que no han ganado todavía. Y muchos que no lo harán nunca.
P. Dijo usted en una ocasión que ahora se sentía más malvado. ¿Le han hecho malo en Ferrari?
R. He oído a mucha gente decir que soy muy buena persona, muy calmado, y que eso no me ha dejado ganar. No es así. Yo soy educado, pero cuando estoy dentro de un equipo intento ser el mejor.
P. No lo ha conseguido.
R. He ganado cuatro carreras este año y eso tiene su mérito.
P. Bueno, que conste que lo consiguió cuando Ferrari dejó de hacerle trastadas y le permitió ganar.
R. Después de siete años con equipos pequeños, llegué a Ferrari y yo pensaba que podría utilizar mi experiencia anterior, que seguramente me iba a servir de aprendizaje. Pero no fue así. Ferrari es diferente en todo. Es grandísimo. Pasé dos años aprendiendo otras cosas, que desconocía, porque todo es mucho más difícil de lo que imaginaba. Pero después empecé a formar parte de la familia Ferrari y ahora todo va bien.
P. Una familia que le considera el segundo de a bordo.
R. A nadie le gusta pensar en ser segundo. Y yo no me siento segundo de nadie. Yo tengo la obligación de ganar y tengo un coche igual que el de Michael [Schumacher]. El mío lleva el número 2 porque el 1 lo lleva el campeón, que es él. Pero yo le aseguro que en el momento en que en una última carrera lleguemos con los mismos puntos uno y otro, Ferrari dejaría ganar al mejor.
P. Muy seguro se le ve. Pero en vista de lo ocurrido en el pasado Mundial, cuesta creerle.
R. Pues créame. El año pasado Schumacher tuvo más competitividad, o más suerte, y ganó el título. Mi año fue fabuloso, pero perdí el Mundial al pasarme las tres primeras carreras sin puntuar. Ése es el error importante, nada más.
P. A ver: a usted le han tenido parado en boxes más tiempo del debido, le han dado el coche viejo cuando Schumacher utilizaba el nuevo, le han hecho pararse en Austria a unos metros de la meta para que ganara el jefe...
R. Michael solo corrió una carrera con el nuevo coche mientras yo lo hacía con el viejo. Él había acumulado 20 puntos y yo tenía cero. Era lógico que se apostara por él. El equipo, en Austria, decidió una cosa que a mí no me gustaba pero había que aceptarlo. A veces hay que dar un paso atrás para luego dar uno adelante.
P. Entonces se criticó a Ferrari y a Schumacher con extraordinaria dureza. Pero usted no se fue de vacío. Se dijo que era el escudero de Schumacher. Incluso el mayordomo, se le llegó a llamar.
R. Me importa lo que yo piense, no lo que digan los demás. Si a usted le dan una orden en su empresa la obedece, ¿verdad?
P. No es extraño que Schumacher diga que es usted el mejor compañero que podía tener.
R. Tampoco me importa. Soy yo quien conduce, soy amigo de Schumacher, sí, pero cuando cerramos la vísera, él va a lo suyo, yo a lo mío y los dos estamos ahí para ganar. Michael sabe que soy capaz de ganarle. Y me respeta.
P. Usted ha nacido en un país que ha tenido a Emerson Fittipaldi, Nelson Piquet y Ayrton Senna. ¿No es demasiada carga?
R. Cuando empecé sí fue una carga. Ahora todo el mundo sabe quién soy yo, estoy intentando ganar lo mismo que ellos, algo muy difícil.
P. Empezó a la sombra de Senna. El 29 de abril del 94, en una sesión de entrenamiento usted sufría un terrible accidente en Imola. Dos días después, en la carrera, Senna se mataba.
R. Es tremendo recordar aquello. Yo era muy joven, tenía 21 años, y fue el peor momento de mi carrera. Cuando después corrí en Brasil, sin Senna, se me cayó el mundo encima. Porque yo quería hacer algo bueno para Brasil, para Ayrton. Y no podía porque el coche no iba bien.
P. Quizá fuera por el recuerdo de Senna, pero la afición de su país tardó en quererle.
R. Nunca tuve ningún problema con el público. Todos mis problemas han sido con la prensa, que dice demasiadas cosas que no son verdad. Se habla mucho sin saber, pero no me importa.
P. En Río de Janeiro, los taxistas cuando quieren meterse con algún conductor torpe, le llaman Rubinho que es su mote.
R. ¿De qué me está hablando?
P. Eso se publicó en la prensa brasileña.
R. Bueno, bueno... Ya le digo que la prensa dice lo que quiere. Pero yo no oigo que se recuerde que mi primera pole position la conseguí en mi segundo año como corredor. ¡Y en el equipo Jordan!
P. Reconozca que su inicio en la competición fue algo accidentado. Recibió críticas de su antecesor en Ferrari, Eddie Irvine, de Niki Lauda, de Piquet. Éste llegó a decir que usted era un privilegiado por correr junto a Schumacher.
R. Pues claro que soy un privilegiado. Sé de lo que soy capaz, estoy en una situación bonita pero muy difícil, porque tengo de compañero al mejor del mundo. Pero tras él he quedado yo. Lo que más me gusta en el mundo es ganar. Y quiero ganar el Mundial. No me conformo con ser segundo.
P. ¿Se siente capaz de afirmar que si no estuviera Schumacher usted sería el campeón?
R. Yo no hablo de hipótesis. Puedo ser campeón. Soñar nos hace ser mejores. Y mi sueño continúa.
P. Por cierto: ¿ha tenido que pedir permiso a Schumacher para conceder esta entrevista?
R. ¿Cómo dice? Eso es muy gracioso.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2003