Tanto el Regulador de Valores de Holanda (equivalente de la CNMV española) como la Comisión estadounidense de Valores (SEC) estudian las cuentas de Ahold para comprobar si existieron delitos al elevar los beneficios de manera artificial.
La comisión holandesa quiere saber si es cierto que los títulos de Ahold se compraron y vendieron en la Bolsa de Amsterdam el fin de semana anterior a la publicación del agujero de 500 millones de dólares de beneficios operativos. Una carta anónima remitida al organismo que supervisa las transacciones bursátiles en Holanda así lo afirma. De probarse su veracidad, se trataría de un delito castigado con penas de hasta dos años de cárcel y multas de unos 45.000 euros.
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La SEC también se ha puesto en marcha. Si bien la sede central de Ahold está en Holanda, los problemas se iniciaron en la filial norteamericana US Foodservice, por lo que su consejo tendrá que rendir cuentas y cumplir con las normas de la Bolsa de Nueva York, en donde cotiza.
Incluso si llegara a demostrarse, como ha sugerido el rotativo The Wall Street Journal, que las irregularidades contables fueron deliberadas e imputables, entre otros, a varios gerentes ahora suspendidos de empleo y sueldo, la aventura americana de Ahold dejará cicatrices profundas. Señalar a un culpable con afán de lucro no impedirá recordar que las cifras de la compañía empezaron a chirriar hace casi dos años. Cees van der Hoeven, presidente de la empresa, decía en 2002 que Ahold era una "campeona de las adquisiciones y la mejor del sector". Ahora que él ya no está, se ha puesto en tela de juicio el enfoque mismo de su gestión. Empujada en parte por su osadía, la cadena holandesa invirtió en Estados Unidos hasta convertirse en el segundo consorcio alimentario del país.
Otras firmas europeas se han estrellado en EE UU, si bien con menos estrépito que Enron. La francesa Renault fracasó en los años setenta en su intento de penetrar allí en el mercado del automóvil a través de American Motors. La sueca Ericsson tuvo problemas con Raynet, la compañía californiana de fibra óptica que compró en 1996. Y Dixons, el consorcio electrónico británico, compró la cadena Silo en 1987 y tuvo que venderla al no poder con sus rivales.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2003