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Reportaje:

Artur Mas, un delfín a contracorriente de las encuestas

El escándalo de los sondeos manipulados por Convergència y el Gobierno catalán salpica al 'conseller en cap'

"Está usted de mala suerte, pero hoy sólo vamos a hablar de vivienda", dijo el pasado martes Artur Mas, conseller en cap y delfín de Jordi Pujol, cuando se le preguntó qué opinaba sobre la manipulación de encuestas oficiales encargadas por la Generalitat de Cataluña. Anteayer pasó como una exhalación ante los periodistas al ser requerida su opinión sobre la invención por parte de CiU de un sondeo electoral que le era favorable.

Desde que este diario comenzó el pasado 1 de febrero a dar cuenta de una serie de irregularidades en sondeos adjudicados por el Gobierno catalán, Mas se ha resistido sistemáticamente a que su nombre apareciera asociado a ese escándalo. Así lo han decidido sus asesores, que han querido evitar que se vinculara al heredero de Pujol, más allá de lo periodísticamente ineludible, con el polémico asunto.

Artur Mas está a ocho puntos de Maragall en todos los sondeos excepto en los de CiU

La cúpula de CiU no quiere daños mayores. Pero hay tantas vías de agua que hay quienes desde la federación no ven con malos ojos la pérdida de algún compartimento en forma de dimisión. Artur Mas está condenado desde ahora y hasta las elecciones autonómicas del próximo otoño a luchar contra la tozudez de la evidencia estadística: las encuestas reales y las consecuencias de las que desde su entorno le fabrican los aspirantes a príncipe Potemkin, como apuntan algunos dirigentes de CiU. Diversos sondeos recientemente publicados en la prensa barcelonesa sitúan al delfín de Pujol ocho puntos por debajo del candidato socialista, Pasqual Maragall. Y a la terquedad de esos números se suma la sombra de la sospecha sobre otros números: los manipulados. ¿Por qué la encuesta del Gobierno catalán presentada por Mas el día 9 de enero de 2001 rebajaba una décima la popularidad de Maragall y de Josep Antoni Duran Lleida, su directo competidor en CiU en plena guerra por la sucesión de Pujol? ¿Por qué la valoración del delfín subía, en cambio, una décima sobre los datos reales? ¿Por qué CiU difundió una encuesta inventada el pasado mes de enero en la que el delfín aparecía sólo 1,8 puntos por detrás de Pasqual Maragall? ¿Por qué la aparición de esa encuesta se produjo justamente cuando dos sondeos publicados en diarios barceloneses situaban a Mas a ocho puntos de distancia de Maragall? Son preguntas de difícil respuesta cuando el calendario electoral no está para alegrías y recomienda un cierre de filas en la federación nacionalista si quiere continuar más allá de los 23 años de Gobierno.

Desde CiU se ha entendido el mensaje y tanto perjudicados como beneficiados por estos episodios se han puesto a sumar esfuerzos y a proteger a Mas. Está en juego el futuro. CiU lleva 23 años en el poder y el delfín de Pujol, guste o no guste, es el único medio de continuar en el poder.

Pero el cierre de filas no evita la risa, ese peligroso elemento disolvente. Así, el pasado miércoles alguna que otra sonrisa maliciosa se escapó de los labios de los diputados de CiU en el Parlamento de Cataluña cuando Jordi Pujol salió a lidiar la pregunta sobre el baile de números en las citadas encuestas: "Si alguien tuviera que dimitir, que no lo creo, tendría que ser por inútil o por tonto". Pujol volvía por sus fueros y marcaba territorio frente a Mas. El presidente de la Generalitat quiso dejar claro quién manda, ante lo que calificó de "errores" y que en CiU muchos atribuyen al entorno del delfín. "Yo no soy un escudo humano, soy el presidente; asumo, pues, los errores y digo que esto no volverá a pasar", dijo Pujol.

El toro lo había metido valientemente en el ruedo Rafael Ribó, portavoz de Iniciativa per Catalunya Verds (ICV). La oposición mayoritaria, singularmente los socialistas, decidió que no era un buen día para salir a la arena y prefirió copiar la táctica de Mas: Maragall se quedó en el burladero de la política internacional. Fue un día grande para los pequeños.

Porque, además de ICV, el Partido Popular de Cataluña, que se mueve en las angosturas de ser sostén de CiU y las ganas de ser oposición, también interpeló al Gobierno de CiU por medio del diputado Daniel Sirera y pidió que se depuraran responsabilidades por la manipulación de los sondeos. Los populares están dolidos con sus aliados de CiU: el ministro de Ciencia y Tecnología y cabeza de filas del PP catalán, Josep Piqué, desapareció de la relación de una encuesta realizada en julio de 2000. En la muestra en cuestión, Piqué doblaba en grado de conocimiento a Mas.

Todo ese pastel de cifras maquilladas y/o suprimidas se ha complicado con la desaparación de un sondeo sobre un campo de golf y la eliminación de unas preguntas sobre la política energética de la Generalitat respecto a la línea eléctrica de Les Gavarres, cerca de la Costa Brava. En ambos casos los consultados se manifestaban mayoritariamente contra lo que defendía el Gobierno de CiU.

La guinda del pastel llegó el pasado fin de semana con la invención de una encuesta por parte de CiU. Esta vez no es el Gobierno, sino el partido el que se ha visto afectado por el escándalo. Se trata de una encuesta falsa que Convergència remitió a los medios de comunicación y de la que ahora dice que "no es oficial".

El espíritu de Potemkin sobrevive y encuentra terreno abonado en el entorno de Mas, afirman algunos dirigentes de CiU. Hay muchas conspiraciones palaciegas, ganas de emular al príncipe de Taúride que mostraba a Catalina II los avances de la colonización de Rusia, cuando en realidad esas nuevas aldeas eran meros decorados y los supuestos campesinos, gentes contratadas. La diferencia es que la ilustrada Catalina era ya zarina y Mas no pasa de ser un aspirante, un delfín que todavía debe nadar mucho, y duro, contra la corriente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2003