Estados Unidos ha iniciado el despliegue de unidades militares en territorio jordano. Las autoridades de Ammán reconocen la operación, pero la limitan a varios "cientos" de soldados. Aseguran que su misión es proteger y operar las baterías antimisiles Patriot, que se encuentran en calidad de préstamo en Jordania y, al mismo tiempo, entrenar a las tropas locales para que sepan cómo utilizar estos sofisticados sistemas.
Estas tropas se unen a otras unidades estadounidenses ya desplegadas en puntos estratégicos de la frontera entre Irak y Jordania. Su misión es llevar a cabo operaciones de salvamento y rescate en el interior del territorio iraquí, en cuanto se inicie la guerra.
Las autoridades jordanas se niegan a facilitar el número exacto de soldados y la importancia del material que les acompaña. No hay imágenes ni rostros de unas tropas que llegan a Jordania de manera discreta en grandes aviones de transporte y que no dejan de volar a pleno día sobre el cielo de Ammán para aterrizar, según todos los indicios, en una base militar contigua al aeropuerto civil del Alia, en la capital.
Los observadores tratan en vano de llevar la cuenta de los aviones militares que aterrizan en Ammán, mientras especulan con la posibilidad de que este despliegue sea mucho más importante que lo anunciado oficialmente y que su presencia obedezca a razones estrictamente bélicas, no sólo defensivas, y relacionadas con la apertura de un nuevo frente contra Irak a partir de Jordania tras los problemas surgidos en Turquía.
Los expertos aseguran que la discreción con que estas tropas están llegando se puede deber a dos razones: para no dar pistas al enemigo y por motivos internos, para que la operación pase desapercibida para la población jordana que, de manera mayoritaria, se manifiesta hostil a Estados Unidos y solidaria con Irak. Esa población tiene la boca amordazada desde que meses atrás fueran prohibidas las manifestaciones callejeras con la excusa de frenar las protestas en contra de Israel y a favor de los palestinos.
La ambigüedad del rey
El despliegue de estas tropas de Estados Unidos en suelo jordano, confirma la actitud ambigua de la monarquía hachemí que, por una parte, ha decidido dar apoyo a la política del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, pero que por otra, en su discurso oficial se opone a los bombardeos y propugna la solución diplomática y pacífica.
La actitud del monarca Abdalá II supone un giro de 180 grados con respecto a la posición mantenida por su padre, el difunto rey Hussein, quien en 1991 se negó a participar en la alianza occidental contra Sadam Husein y prefirió salir a la calle y encabezar las manifestaciones de los que protestaban por la guerra.
El profesor Mustafá B. Hamarneh, director del Centro de Estudios Estratégicos de la Universidad de Jordania, especializado en la investigación de conflictos en la zona, mantiene que "la coyuntura internacional ha cambiado, en relación a 1990" y que "si el rey Hussein viviera adoptaría la misma posición que mantiene ahora su hijo Abdalá con respecto al conflicto de Irak y a Sadam Husein".
Hamarneh reconoce sin embargo que la posición y el sentimiento de la calle jordana con respecto a un ataque contra Irak, continúan siendo los mismos que en 1990, tal y como lo demuestran los resultados de una reciente encuesta efectuada por su centro, la primera independiente realizada en el mundo árabe, en la que se asegura que el 88% de la población está en contra de que se faciliten medios para el ataque, entre otras razones por que en un 98% tienen miedo que la guerra tenga repercusiones negativas sobre Jordania.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2003