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CARTAS AL DIRECTOR

Usted, amigo, y la paz

Amigo conciudadano, como usted sabe, tal vez ahora estemos un poco más cerca de la paz. La gente se ha movido y un rayo de luz se ha colado en el firmamento. Quizá usted mismo lo ha hecho y, si es así, gracias.

Dicen los realistas que todos queremos la paz, pero que sólo esto no basta. Claro, nadie dice lo contrario. ¿Por qué suponen que decimos "no a la guerra" y que descuidamos entender sus razones? No confían en nuestro sentido común; creen que nos mueve un sentimentalismo primitivo y desinformado. Quieren cuidarnos como a niños malcriados.

No les haga caso, amigo conciudadano. Como usted sabe, los preparativos de la guerra están tan avanzados que es muy difícil pensar en una marcha atrás. Pero ellos, algunos de ellos al menos, nos temen y nos necesitan de nuevo ante las urnas. No lo olvide. Vamos a seguir en esto hasta hacer imposible la guerra preventiva: porque sabemos que hay otros medios infinitamente más humanos; porque no queremos perder nuestra parte de razón en los medios que elegimos contra los tiranos; porque los "pentágonos" tienen que obedecer a sus soberanos, los pueblos.

Nuestra voz sólo es un susurro, lo sé; pero ellos están preocupados. Gritan que la democracia se ejerce en los Parlamentos y que allí valen las mayorías. Es verdad, pero ellos saben que ese formalismo no resiste dos días si el pueblo reclama sus derechos. Vamos a confiar en nuestra fuerza moral. Un griterío resuena por todas partes, ¿no lo oye? Hay un clamor que exige paz. ¡Demos una oportunidad a la paz!

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2003