O los caraduras. El idioma da para mucho; basta con decir un cara; o morro, o jeta. Carota. La dureza del cemento: "Décime, che cemento, que hacés vos con la guita", cantaba el tango. Guita: dinero: la conciencia real. En argot también: la recoge Luis Besses en su diccionario de 1905. El ministro británico de Asuntos Exteriores sale en nuestra televisión y me recuerda este rosario de palabras. Es de los que dice que Sadam quiere ganar tiempo destruyendo misiles, sigue sin cooperar, etc., etc. Se podría llamarle descarado, que es lo mismo: nuestro idioma nos da estas sorpresas, y una frase o una palabra significan igual que su contrario. Mucha cara es lo mismo que descarado, sin cara: ha perdido la cara, y es un caradura. ¡Vaya idioma! Elijo este inglés, es mejor un extranjero que un español para estas cosas. Aunque no encuentro ningún ministro o secretary al que hayan sucedido terribles cosas al inaugurar un tren y despida a un subordinado o dos, y acuse al fantasma del saboteador: Franco decía "agentes venidos del exterior", pagados "por el Kremlin" o con "el oro de Moscú". ¡Qué cara! Tampoco veo muchos extranjeros que confíen la solución de una catástrofe pendiente a la "madre naturaleza", como dijo un comisionado para el chapapote.
No utilizo la definición de la Academia para "caradura", o sea "sinvergüenza". Aunque, descomponiendo los fragmentos y utilizando las contradicciones, sería "sinvergüenza" el que no se pierde por timidez: "No tengas vergüenza, hijo mío", dicen las madres para invitar a tener soltura esperando que llegue a ministro, comisionado, portavoz. No, entre nosotros, los del argot suave, "cara" se le puede llamar al amigo, a la novia, al hijo (cuidado: ¡nunca al padre si tiene la mano suelta!) para indicarle que sabe que lo que dice no es verdad. Mentir, diría si fuese diputado hablando de la oposición.
Pero hay personas que se mienten a sí mismas: ¿por qué no han de mentir a los demás? Leí aquí que Tony Blair, ejemplo de utilización de la cara en materia doctrinal y política, es un fanático con una idea fundamental en la que cree. ¿Será así también Berlusconi? No estoy seguro: parece más listo. ¿Y éste? Aznar cree firmemente: en sí como salvador, como europeo verdadero, como creyente -"más papista que el Papa" es otra frase característica para estos españoles característicos -, y, diría yo, le parece que Bush es un gran hombre. Estoy deseando que pierdan las elecciones. Son personas muy peligrosas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2003