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OPINIÓN DEL LECTOR

Árboles

Pudiera parecer en estos días que la opinión pública sólo está alarmada por dos grandes problemas, que son la guerra y el Prestige, y que llamar la atención sobre los problemas que tenemos aquí mismo, en nuestros barrios, es casi un insulto cuando en el resto del mundo están pasando cosas tan gordas. Pero como creemos que una cosa no quita la otra, tenemos que decir que también nos alarmamos cuando vemos que de pronto ya no existen dos árboles centenarios, árbol más, árbol menos, el cemento es lo que importa, cortamos por lo sano que luego ya pondremos palmeras o cualquier otro tipo de árbol más acorde con la imagen que debe proyectar nuestra ciudad. Nos preocupan mucho, al margen de la política del hecho consumado, dos posturas: La política, porque no puede olvidar, el equipo del Ayuntamiento, que están ahí en representación de la ciudadanía, y ya está bien de hacer las cosas sin consultar con las asociaciones de vecinos, a las cuales las ningunea bastante.

Y decimos esto no sólo por la pena que nos produce que se cortaran los eucaliptos de El Palo sin consultar con nadie (como si los vecinos no fueran nadie), lo decimos, además, porque existen en la ciudad de Málaga otros frentes abiertos por la ciudadanía en defensa de sus árboles y reclamando lo que le parece más sensato: Que se les consulte a las personas que viven en un lugar cómo llevar a cabo reformas importantes que pueden afectar al cambio en sus habituales modos de vida. Como ejemplo, los vecinos de El Bulto. Nadie les garantiza que cualquier día de estos, con la excusa del bien común, y en aras de la concepción rectilínea de las grandes avenidas, cortarán los árboles protegidos, que ya forman parte de un paisaje vivido durante años y que han dado singularidad a un entorno bastante deteriorado. Donde ahora están poniendo aceras, mañana serán sustituidas por asfalto.

No nos queda, a la ciudadanía, más que elevar nuestras voces para reclamar todo aquello que creamos justo y exigirles a nuestros representantes políticos que ratifiquen sus promesas por escrito. No podemos olvidar que tenemos el poder del voto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de marzo de 2003