La Consejería de Educación admite no disponer de fondos para acometer las muchas obras que tiene pendientes. ¿Es así? Pongamos un ejemplo. Primero, el Colegio Público Padre Catalá de Valencia, orgulloso y levantisco, tiene concedido por el Ayuntamiento un terreno anexo que habrá de servir para dar respiro al menguado patio en el que se hacinan los niños; segundo, la normativa vigente establece el acondicionamiento de las instalaciones en materia de seguridad y recursos; tercero, el Padre Catalá se ahoga en sus estrecheces y carece de los medios que la propia ley dicta.
A pesar de haberse aprobado esos trabajos, el director general de Centros Docentes, el melancólico Herminio García, alega que la ejecución le corresponde a la dirección territorial, y este organismo pretexta a su vez la falta de calderilla. ¿Cuántos miles de euros precisan, qué efectivo es ése comparado con los gastos munificentes e iliberales del Gobierno autonómico? En la mañana del domingo 9, una concentración en el Padre Catalá hará pública esta reivindicación.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de marzo de 2003