Ellos, la mayoría jugadores de élite, conscientes de tener un gran poder de convocatoria, además de servir como referente a legiones de pequeños, adolescentes y a más de un adulto, podían haber materializado uno de los mejores goles de su vida a ese equipo mediocre de políticos aficionados que, desbarrando a tope, juegan a romper el equilibrio del actual sistema internacional, incluida la tan trabajada y tan necesaria unidad europea.
Ha tenido que ser un equipo modesto andaluz -siempre los modestos-, concretamente el Jerez Deportivo, el que ha salvado la dignidad de todos ellos, gritando NO a la guerra, pero ejemplarmente, también ha criticado su posicionamiento comparado con otros colectivos como actores, cantantes, intelectuales... que, marcando las diferencias, han sabido salir a la calle a defender la paz. Menos mal que siempre habrá jugadores comprometidos que más que el resultado, de dividendos, se entiende, lo que realmente les interesará será una liga internacional social y económicamente justa.
Ellos, que ganan dinero a patadas, desde sus atalayas de cristales opacos, han preferido quedarse en un claro fuera de juego, sin caer en la cuenta de que deporte y pueblo se alimentan mutuamente y, por el contrario, piensan que es mejor seguir jugando dentro de una táctica conservadora que progresiva y supuestamente arriesgada.
Al final, cuando todo haya dejado de ser un sueño esperanzador para convertirse en una horrible pesadilla, seguro que lavarán sus conciencias organizando un partido amistoso a beneficio de los niños de Irak. De los que sobrevivan, obviamente.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de marzo de 2003