Harry Potter, el niño mago producto de la imaginación de la autora británica J. K. Rowling, ha superado un nuevo peligro, aunque esta vez se trataba de una amenaza literaria. Su nombre es Tanya Grotter, una niña con poderes igualmente mágicos y huérfana como él, que batalla contra el mal en su Rusia natal. Creada por el escritor Dimitry Yemets, sus aventuras han vendido más de medio millón de libros en su tierra. Cuando estaba a punto de dar el salto a Europa occidental con una edición en holandés, Rowling ha acusado de plagio a su colega y ha convencido a los jueces de Amsterdam. Según la "madre" de Potter, el personaje de la niña es un plagio flagrante de su Harry, opinión compartida por la justicia de los Países Bajos. El "padre" de Grotter aducía, por el contrario, que Tanya era una parodia ambientada en el folclore ruso. Aunque la batalla ha sido desigual, y a Rowling le apoyaba la productora estadounidense Time Warner, que ha ganado 1.700 millones de dólares con las dos películas basadas en la vida de Harry Potter, la editorial holandesa Byblos tiene derecho a apelar la sentencia.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de abril de 2003