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DOBLE HOMICIDIO EN EL HOSPITAL

El novio de la médica fallecida denunciará al hospital por negligencia

Asegura que los jefes del hospital conocían que la agresora es esquizofrénica

Fernando Alberca, novio de Leila El Ouamaari, la médica fallecida tras ser apuñalada por una compañera que sufrió un brote psicótico, anunció ayer que "emprenderá acciones legales contra el centro hospitalario, puesto que tanto el jefe de la unidad de Reumatología como el tutor de médicos residentes conocían desde hace tiempo que la agresora era esquizofrénica". El director médico del hospital afirmó que se "trataba de uno de los peores momentos de la clínica" y negó en todo momento que supiera que la agresora hubiera estado de baja por esquizofrenia.

A Leila El Ouamaari, la médica de 26 años que murió ayer acuchillada a manos de una compañera, le gustaba viajar. Así lo dijo ayer su novio Fernando Alberca, con una entereza sorprendende para alguien a quien acaban de transmitirle la muerte de la mujer con la que llevaba compartiendo su vida siete años. "Hace poco fuimos al Valle del Jerte a ver los cerezos en flor", recordó Alberca. Al principio tenía la voz entrecortada, pero fue tranquilizándose a medida que la rabia que sentía le empujaba a hacer una denuncia. "Este incidente se podía haber evitado. No se trata de un accidente", señaló. Y anunció delante de decenas de micrófonos que emprenderá acciones legales contra la clínica porque la dirección del hospital "conocía que la agresora padecía esquizofrenia".

Sentía indignación. Probablemente la canción Cucurrucucú Paloma en la versión del cantante brasileño Caetano Veloso no se le olvide jamás. "Últimamente a ella le había dado por escuchar esa canción", afirmó. "Era una chica que nunca abandonó su vocación de voluntariado. Muchas veces terminaba su turno de trabajo y todavía se quedaba en el hospital realizando labores de investigación. Y antes de entrar en este centro trabajó como voluntaria. No quiero hacer daño a la Fundación Jiménez Díaz pero si que se sepa que esto ha sido una negligencia tremenda".

Según Alberca, que se identificó como periodista, "tanto el jefe de servicio de la unidad de Reumatología como el tutor de los residentes [la fallecida y la agresora lo eran] conocían que la homicida era esquizofrénica". Fernando Alberca afirmó que "hacía al menos una semana que a Noelia de Mingo, la agresora, le habían prohibido que pasara consulta a los pacientes puesto que era conocido que estaba trastornada". Según el novio de la médica fallecida, "el tutor de Reumatología 3, Carlos Acebes Cachaceiro, hace más de una semana que lo sabía, y el jefe de servicio, Gonzalo Herrero, también lo sabía hace más de una semana".

Sostiene Alberca que la agresora "no estaba normal desde hacía varias semanas" y realizaba actuaciones extrañas como "escribir los partes de los pacientes con el ordenador apagado, o reirse sola y pedir pruebas a los pacientes a quienes echaba de la consulta". "Era ilógico todo lo que hacía", manifestó Alberca, quien agregó que "en vez de haber salido con un cuchillo a por nueve doctores, podía haber ido a por cualquier paciente del centro".

Según Alberca, tanto su novia como varias de sus compañeras tenían miedo de lo que la agresora podía llegar a hacer, "miedo sobre todo por los pacientes".

Además, aseguró que le constaba por el testimonio de varios compañeros de su novia, que "hacía más de un año que a la agresora se le había prohibido realizar guardias en el hospital". "En su lugar las realizaba otro facultativo, Óscar, un hondureño residente de Neumatología que incluso llegaba a firmar las guardias como si las hubiera hecho la agresora", denunció Alberca.

El director médico del centro hospitalario, el doctor Manuel de Oya, después de dar el segundo parte médico del estado de los heridos, negó categóricamente que la médica sufriera esquizofrenia y afirmó que a él no le constaba que la agresora hubiera estado de baja por motivos psicológicos. Lo único que reconoció fue que "la homicida sufría depresiones". Alberca añadió que la víctima, lo mismo que otros compañeros del departamento de Reumatología, tenían miedo por la presencia de la presunta agresora. Según dijo el novio de la fallecida, Noelia de Mingo Nieto "no es responsable" porque estaba enferma.

Histeria en los pasillos

La escena del doble homicidio de ayer recordaba a una película de terror. Pasillos llenos de sangre en la unidad de Reumatología, personas histéricas y muchos nervios. Las enfermeras y las médicas se abrazaban e intentaban consolarse tras haber vivido cómo mataban a una compañera y a una de las pacientes.

Muchos trabajadores no podían ocultar su nerviosismo, que derivó en histerismo en algunos casos. La falta de información sobre el estado de los heridos acrecentaba aún más el desasosiego de los empleados. Se prohibió la entrada de personas extrañas para vivir esos momentos tan duros en solitario. Caras enrojecidas, jóvenes con los ojos inyectados en sangre y deambular de personal en bata blanca sin un cometido definido. "No me lo puedo creer. Pero si era tan maja...", sollozaba una enfermera que no pudo terminar la frase. Se abrazó fuertemente a una compañera y se refugió en su hombro. Casi estuvo a punto de perder el conocimiento. "Esto es un horror que jamás se nos olvidará", susurraba su compañera, que la asió por la cabeza, en actitud maternal.

A los pocos minutos de haber ocurrido el sangriento suceso, subieron de la cafetería una jarra llena de tila, que fue repartida entre las mujeres que estaban dentro de la unidad de ventiloterapia. "Hasta que no os toméis esto, tenéis prohibido ir por la zona de quirófanos y de la UCI", espetó una de las responsables del área. Al abrir la puerta, se pudo ver a dos personas sentadas en dos mesas de oficinas prácticamente en estado de shock.

Al poco llegaron tres limpiadoras que, perplejas ante tanta sangre, quisieron ponerse a limpiar. Pero apareció un alto mando de la policía y ordenó que despejaran la zona. Tenían que llegar los especialistas de la Brigada de Policía Científica y de Homicidios para tomar fotografías del lugar y para iniciar las diligencias por el doble homicidio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de abril de 2003

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