Algo está pasando por ahí que hay muchos gritos.... Estoy viendo a una médico llena de sangre. ¡Ay, pero si es mi médico! Voy a ver qué pasa...
- ¡No vayas, quédate ahí!
Javier Huertas permaneció al otro lado del teléfono, conteniendo la respiración, sin oír la voz de su madre. Unos segundos después lo que oyó fueron sus gritos.
- ¡Ay, ay, hijo..! que me han matado...
Jacinta no pudo articular ni una sola palabra más. Se apoyó sobre la pared dejando un reguero de sangre y cayó al suelo gravemente herida, mientras el auricular del teléfono, adosado a la pared de un pasillo, quedó balanceándose. Javier gritaba, angustiado y desesperado: "¡Madre, madre...! ¿Qué te pasa..?". Pero ella no podía responderle.
Javier Huertas vivió en directo la muerte de su madre, Jacinta Gómez de la Llave, a través del hilo telefónico. Jamás sospechó ninguno de los dos que ésta iba a ser su última conversación. Javier salió corriendo a la clínica de la Concepción, con el corazón en un puño, pero sólo llegó a tiempo de certificar que las palabras de su madre eran las últimas que ésta había pronunciado.
La familia de Jacinta anunció ayer que presentará una demanda contra el centro médico. "No pueden tener a alguien con una enfermedad así [en referencia a la doctora Noelia de Mingo] atendiendo a los pacientes", se quejó Javier.
Jacinta Gómez padecía esclerodermia, una enfermedad clasificada como reumática y que afecta a la piel. El lunes fue ingresada en el hospital para una revisión. Los facultativos tenían previsto darle hoy el alta.
Viuda desde hace un año
La víctima tenía 73 años y era natural de Cáceres, aunque había pasado casi toda su vida en Madrid. Había trabajado en un restaurante especializado en comida rusa situado en la céntrica plaza de la Paja (El cosaco) y enviudó hace aproximadamente un año. Desde entonces, sus hijos (Javier, Paloma y Begoña) iban a visitarla a la buhardilla donde vivía, en la Costanilla de San Andrés, 4.
Mica, la casera y amiga de Jacinta, explicó ayer que ésta "iba tirando con su pensión de viudedad". "Su marido falleció hace justo un año y ella, que siempre había sido muy callada y reservada, estaba empezando a salir un poco de la tristeza que arrastraba desde entonces. Pobrecilla".
Mica contó que Jacinta vivía en su piso de la Costanilla de San Andrés desde hacía muchos años -"cuarenta y tantos"-, desde que se casó.
La casera se enteró de la noticia por televisión, "cuando lo dijo Ana Rosa Quintana", pero no se imaginó ni por un momento que una de las fallecidas era su inquilina Jacinta Gómez. Mica recuerda que últimamente su amiga sufría problemas de salud: "Tenía la cara hinchada, tosía mucho y se fatigaba pronto". Ella misma le acompañó las primeras veces al hospital para que le hiciesen pruebas.
Al hospital acudió la ministra de Sanidad y Consumo, Ana Pastor, que permaneció en el centro durante dos horas. La ministra se reunió con la dirección del centro médico, que le informó de lo sucedido, y visitó a los heridos que no estaban siendo intervenidos en esos momentos. También se desplazó al lugar de los hechos el consejero de Sanidad, José Ignacio Echániz.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de abril de 2003