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Crítica:FLAMENCO

La emoción ausente

Desde sus dos últimos discos, Remedios Amaya hace unos repertorios que tienen poco que ver con la que me parece fue su época más gloriosa, cuando se sentaba junto a un guitarrista y nos hacía el auténtico regalo de un cante jondo preñado de ecos de una flamencura que nos enajenaba.

Ahora está lejos de aquellas exquisiteces. Ni con zapatos ni sin zapatos -se los quita en una parte de la actuación- llegó a transmitirnos un latido de emoción. Se ha refugiado en una serie monocorde y reiterativa de tangos y canciones aflamencadas cuyos núcleos básicos giran en torno a estribillos triviales y pegadizos. De vez en cuando, sí, la voz de Remedios Amaya, su rajo cantaor, nos hacen concebir esperanzas, pero la ilusión no dura mucho. Ni siquiera los arranques de baile de la Amaya, en los que tanto genio pone, llegaron a levantarnos los ánimos.

X Cumbre de Murcia

Cante: Remedios Amaya. Toque: Juan Diego y Jorge Gómez. Percusión: Alejandro Amaya. Coros y palmas: Las Peligro. Teatro Romea. Murcia, 2 de abril.

Lo mejor del concierto fue su brevedad. Una hora y cinco minutos después de iniciado estábamos en la calle. Sus incondicionales salieron encantados, todo hay que decirlo. La aplaudieron a rabiar e incluso formaron grupos cantando, bailando y haciendo palmas a compás. Ellos habían acudido al teatro para tener su fiesta y no renunciaron a ella.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de abril de 2003