La OCDE (Organización de Cooperación y Desarrollo Económico) ha hecho en su último informe sobre España lo que el Gobierno debería estar considerando ya: rebajar la previsión de crecimiento económico para 2003. La organización había previsto inicialmente un crecimiento del PIB del 2,5% para este año -frente al 3% proyectado por el Gobierno- y ha decidido bajar sus estimaciones al 2,1%. El informe insiste en el "preocupante" diferencial de inflación respecto a la zona euro, que puede erosionar la competitividad de la economía. La de cal es que la OCDE eleva ligeramente el crecimiento previsto para el año 2004 (del 3% al 3,1%), que avanza una recuperación moderada para el segundo semestre y el reconocimiento explícito de que aunque la economía española no ha escapado a la desaceleración económica mundial, "ha resistido a ella mejor que muchos países".
Las previsiones de la OCDE están reflejando el impacto de la desaceleración de la economía mundial sobre los grandes agregados del país. Cuando se desciende a analizar el detalle aumentan los motivos para la preocupación. Las familias españolas están viviendo un periodo de elevado endeudamiento, sobre todo hipotecario, que llegó al 80% de la renta disponible durante el año 2002, una situación que podría ser delicada si decae el ritmo de creación de empleo y los hogares pierden capacidad para hacer frente a su deuda debido al aumento del paro.
No es descartable que la pérdida de confianza de los consumidores tenga consecuencias negativas sobre el consumo. Ni siquiera la rebaja prevista del IRPF, que ya está teniendo efectos en los bolsillos debido a la reducción de las retenciones, tendrá los efectos reactivadores esperados por el Gobierno. En una situación de incertidumbre económica, agravada por la guerra, la propensión al consumo de los ciudadanos bajará sensiblemente.
Hay suficientes razones para que el Gobierno reconsidere sus objetivos económicos, revise las previsiones de crecimiento y matice su política presupuestaria, que si ya era demasiado rígida en tiempos de paz, en plena crisis bélica se convierte simplemente en petrificada.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de abril de 2003