Tengo enorme respeto desde hace décadas por los escritos de Adam Michnik, pero temo que en su artículo [Nosotros, los traidores] publicado el 2 de abril cometa dos grandes errores de juicio que niegan su conclusión.
1. Habla como si Sadam Husein hubiese tenido un papel en los ataques del 11 de septiembre, acusación sin evidencia cultivada por la prensa belicista. Sadam es un dictador espantoso de corte secular. Y por desgracia, la invasión de un país bastante laico podrá bien resultar en un incremento en muchos países islámicos del apoyo a Osama Bin Laden, por no hablar de otras razones para oponerse a esta guerra.
2. Aparentemente, anticipa la democratización de Irak de la mano del presidente Bush. Por desgracia, el presente del Gobierno de EE UU no tiene una pizca del espíritu de Woodrow Wilson o Franklin Roosevelt. ¿Cómo imaginar que jefes de la industria del petróleo, cristianos mesiánicos, McCarthistas redux, y pensadores unilateralistas con desprecio abierto hacia los acuerdos internacionales van a llevar la democracia a un país ocupado militarmente?
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de abril de 2003