Las tropas estadounidenses culminaron ayer lo que denominan el cerco a Bagdad. Todas las vías principales de acceso a la capital iraquí están bajo control, según aseguraron ayer fuentes militares de Estados Unidos, que también anunciaron el aterrizaje en el aeropuerto de varios aviones militares al amparo de la oscuridad y el refuerzo de las tropas que lo ocupan con la llegada de otros 7.000 hombres. Las fuerzas invasoras lanzaron dos nuevas operaciones de reconocimiento con vehículos blindados y carros de combate sobre la ciudad, después de la sangrienta incursión del sábado.
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El objetivo de estos asaltos es estratégico: determinar el estado psicológico de las fuerzas enemigas y su capacidad de fuego, y demostrar que se puede atacar a voluntad para minar la resistencia de los defensores. El futuro de la batalla de Bagdad depende de la voluntad de resistir de los sitiados, según los analistas norteamericanos, para los que una defensa decidida alargaría indefinidamente el asedio, con combates callejeros y gran número de bajas en ambos lados. Es la opción más temida por los atacantes, que durante el fin de semana lanzaron al menos tres incursiones de carros y blindados para explorar la actitud del enemigo.
La primera, definida el sábado como "tres horas de caos organizado" en un circuito de ida y vuelta de unos 40 kilómetros, causó "considerable destrucción", según dijo ayer en Qatar el general Vincent Brooks, que no confirmó las cifras de entre 2.000 y 3.000 muertos causados entre los militares iraquíes que salieron al paso de los atacantes y los civiles sorprendidos en el fuego cruzado. Las fuerzas estadounideses sufrieron un pequeño número, no cuantificado, de bajas.
Nuevas incursiones
El asalto "demostró nuestra capacidad de actuar a voluntad y de infligir daño", agregó el general. Sirvió también para tantear los medios de que disponen los defensores y su disposición de combate, extremos que son analizados en el cuartel general de la coalición para evaluar el tipo de oposición cabe esperar.
A esta operación siguieron dos ayer, en las que "se destruyeron blindados y fuerzas enemigas", según el general Peter Pace, número dos de la Junta de Jefes de Estado Mayor del Pentágono, en Washington.
Brooks reconoció que en el aeropuerto, a unos 20 kilómetros al suroeste de la capital, "queda todavía trabajo por hacer", en referencia a que no está completamente dominado, aunque también dijo que se va a emplear como base desde la que extender el control sobre zonas aledañas.
Otras fuentes militares anunciaron que habían llegado 7.000 soldados al aeropuerto internacional de Bagdad, que es cómo lo han rebautizado los aliados, y que será transformado en breve en un gran acuartelamiento a las puertas de la capital iraquí desde el que lanzar operaciones sobre la ciudad y sus alrededores. En sus pistas comenzaron anoche a aterrizar distintos tipos de aviones militares de carga.
El cerco establecido alrededor de la capital no es impermeable. "Bagdad es una ciudad de unos 25 kilómetros de largo por 25 de ancho, así que decir que se ha creado un cordón impenetrable sería un error", advirtió el general Pace. "No hay un soldado cada cinco metros. Lo que es cierto es que tenemos ingentes fuerzas alrededor de la ciudad y que tenemos más de mil aviones. Si algo se mueve sobre el terreno y ataca será destruido".
Kilómetros de túneles
Los estrategas militares de la coalición quieren convencer a la población de la capital iraquí y a los propios soldados enemigos de la inutilidad de resistir a una fuerza abrumadoramente superior. "No queremos ocupar la ciudad", asegura el general Buford Blount, jefe de la 3ª División Mecanizada de Infantería, que lleva el peso de los últimos ataques estadounidenses sobre Bagdad.
Las divisiones de la Guardia Republicana, que protegían Bagdad han sido reducidas el 30% de su capacidad, según las estimaciones de los generales norteamericanos, y las unidades desarboladas han encontrado refugio en la capital, lo que plantea un grave problema a los asaltantes, que se enfrentan a la perspectiva de tener que combatir a un régimen que dispone en Bagdad de una red de túneles de 100 kilómetros de longitud.
El asedio a una gran aglomeración urbana como Bagdad, con 5,5 millones de habitantes, es algo no visto desde la II Guerra Mundial, y algunos militares recuerdan con aprensión cercos de meses al final de operaciones relativamente fáciles de toma de alrededores de las ciudades.
Otros expertos subrayan que entonces se produjeron asaltos destructores que no están previstos ahora, cuando existe una decidida voluntad política de causar el mínimo daño posible a la población civil y a las infraestructuras iraquíes para subrayar el aspecto liberador de esta guerra.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de abril de 2003