No invita al optimismo el cuadro de previsiones que ha salido de la reunión que durante el fin de semana han celebrado los ministros de Economía y Finanzas de la UE (Ecofin) en Atenas. Los ministros han hablado también de la participación de Europa en la reconstrucción de Irak tras la guerra, apelando al papel activo de la ONU e incluso, según el vicepresidente Rato, del Banco Mundial en esa tarea. Aunque lo más probable es que sea la Administración estadounidense la que gobierne la política y la economía de la reconstrucción, sin que de la misma pueda derivarse un impulso reactivador significativo sobre las economías.
Esa reactivación es muy necesaria a tenor de la debilidad que expresan los indicadores económicos en toda Europa: un crecimiento para el conjunto de la UE del 1,3%, y del 1% para la zona euro, según la nueva revisión del Ecofin, elaborada sobre la hipótesis más optimista: guerra breve y precio medio del barril durante este año de 27,65 dólares. En esa tasa media se esconde la proximidad al estancamiento de Alemania, Holanda y Portugal, y el distanciamiento de las previsiones gubernamentales en economías como la española, para la que la Comisión Europea prevé un crecimiento del 2% frente al 3% que mantiene el Gobierno.
La realidad puede ser mucho peor si las brechas abiertas en la coordinación y cooperación internacionales no se cierran rápidamente. Primero, dentro de la propia UE, a través de estímulos todavía posibles en política monetaria, cuyo signo relajador se encuentra compensado por la depreciación del dólar. También es el momento de considerar las restricciones presupuestarias con una visión más flexible y de medio plazo, con el fin de evitar males contractivos peores a los ya observados.
La coordinación es más necesaria en el seno del Grupo de los Siete (que se reunirá el sábado en Washington) con el fin de neutralizar la extensión a las relaciones económicas internacionales de las ya evidentes amenazas al multilateralismo. El respaldo a la Organización Mundial de Comercio, a la ronda Doha de negociaciones comerciales (cruciales para los países en desarrollo) y la rápida eliminación de los obstáculos al libre comercio que han emergido durante los últimos meses en Europa y Estados Unidos serían las mejores bases para afianzar esas posibilidades de recuperación hoy todavía condicionadas por la incertidumbre asociada a la guerra.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de abril de 2003