La cifra oficial de la matanza de Drodro (provincia de Ituri, al noreste de Congo) es de 966 muertos. Las circunstancias parecen claras: miembros de la tribu lendu, dedicada a la caza y el pastoreo, atacaron el jueves durante tres horas con armas de fuego y machetes 14 poblados de la zona de Bunia, muy rica en oro y próxima a la frontera de Uganda, y asesinaron a casi 1.000 hemas, una tribu rival dedicada a la agricultura y cuya milicia amenaza con represalias. El ataque estuvo originado por un problema de tierras.
Los investigadores de la misión de Naciones Unidas en la República Democrática de Congo (Monuc), desplazados a la zona, deberán establecer las responsabilidades. El portavoz de la Monuc, Hamadun Ture, dijo ayer: "No puedo recordar una matanza así en tan poco tiempo". Es la más grave desde 1998, cuando comenzó la última guerra civil en la República Democrática de Congo.
El Ejército ugandés, que está en la región de Ituri, con el papel teórico de tropas de pacificación, ha negado cualquier relación con la masacre. El conflicto entre los lendu y hemas es una guerra dentro de la guerra. Uganda se sirve de él para mantener un férreo control de las minas de oro de Bunia.
Uganda, al igual que Ruanda, invadieron el este de Congo en 1998 para apoyar a tres grupos guerrilleros afines en contra de su antiguo aliado en Kinshasa, Laurent Kabila, aunque después se enfrentaron entre sí por el control de las vastas riquezas minerales del país.
Cuatro años y medio de guerra, más de tres millones de muertos, cientos de miles de desplazados y la intervención de la ONU y de varios países africanos lograron en 2002 un acuerdo de paz por el que las tropas extranjeras se tienen que retirar de Congo (a Kabila lo apoyan Zimbabue y Angola) para formar un Gabinete de transición durante dos años antes de celebrar elecciones. Este Gobierno tomó ayer posesión.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de abril de 2003