Cuando vi al presidente Aznar -a través de la que se empeñan en llamar "la nuestra", pero que cada vez es más "su" televisión-, estupefacto ante la pregunta que le planteaba el entrevistador (como si no la conociera de antemano) en torno a la posible incidencia que la intervención del Gobierno del PP en la guerra pueda tener sobre las elecciones venideras, al señor presidente no le cabía en la cabeza que se plantease siquiera tal discusión y, atónito, preguntaba a la nada y a nadie: "¿Por qué Sadam Husein va a determinar quién sea el alcalde de Valladolid?".
Yo, que estoy próximo a esa nada y ese nadie, quiero contestarle, aunque dudo que el presidente conserve la facultad de escuchar. Señor Aznar: Sadam Husein no va a determinar a quién doy mi voto en unas elecciones municipales, ni lo va a hacer usted (ése es un protagonismo en mi vida que no pienso concederles). Lo que sí es determinante para decidir mi voto es que esas personas que se presentan por su partido no hayan tenido la valentía, o la capacidad crítica, o, lo que es peor, la mínima sensibilidad y ética necesarias para denunciar y repudiar un acto de barbarie como el que se viene cometiendo desde hace ya dieciséis días.
Dejaré de votarles a ellos por sus propios deméritos, porque no quiero que me representen y decidan por mí en mi municipio personas con tan pocos escrúpulos, y que se agarran a las posibilidades de conseguir su parcelita de poder a cualquier precio
Y por cierto: no a la guerra.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de abril de 2003